El mundo no es. El mundo está siendo… Paulo Freire
Por eso y porque la situación de más de mil millones de personas hacen que nunca sea suficiente el esfuerzo, te pido que ayudes en la campaña contra al hambre. Firma la petición que se presentará a las Naciones Unidas en octubre/noviembre de 2010. Ayuda a sensibilizar a tus contactos y amistades. Muévelo por las redes sociales!!.
Después de 33 días, con más de 2.000 kilómetros en nuestra particular ‘mochila’ con ruedas; con arena en los bolsillos y sin ningún pitillo que llevarme a la boca, ya estamos de nuevo en casa. En este tiempo de merecido descanso, nos hemos dado a el, no podía ser de otra forma.
Agradecido por las continuas muestras de amistad que habéis solicitado en facebook: algo más de 300; por aquellos y a aquellas que os interesasteís por esta prolongada ausencia; a todos y a todas las personas que se han dado de alta en la bitácora; o que comienzan a seguirla por twitter, en flickr y en youtube. Daros la bienvendida a todos y a todas. La temporada sociopolítica que comienza se aventura con fuertes marejadas.
No hace mucho Richard Price, autor de novelas feroces y delicadas y guionista de la serie televisiva The Wire, declaraba que él era uno de esos idiotas que todavía se consideran de izquierdas. Es una confesión casi conmovedora, y un aviso más del agotamiento general del discurso de la izquierda. A diferencia de lo que ocurrió entre los años sesenta y los ochenta, ser de izquierdas ya no mola: hoy lo que mola es decir que la izquierda y la derecha ya no existen, o que la izquierda es más reaccionaria que la derecha, o que la derecha da lo mismo que la izquierda; todo menos decir que uno es de izquierdas, cosa que al parecer ya solo se atreven a decir quienes han convertido el ser de izquierdas en un acto de autobombo o en algo hueco, blando e intercambiable. El espectáculo es extraordinario. Dicho esto, ¿existe alguna esperanza de renovación para la izquierda? Debe de existir, digo yo; y si existe, yo no descartaría que viniera de la derecha, del mismo modo que la renovación de la derecha vino de la izquierda. Bien pensado, es lógico: al fin y al cabo es lo que ha ocurrido casi siempre. Por no salirnos de España, aquí la gran renovación del discurso de la izquierda se produjo cuando a mediados de los años cincuenta un grupo de gentes muy diversas procedentes de la derecha –de Dionisio Ridruejo a Javier Pradera o Manuel Sacristán– propusieron o fomentaron un discurso de reconciliación nacional que 20 años después desembocó en la transición política. Inversamente, a partir de los años ochenta empezó en todas partes un trasvase desde la izquierda a la derecha que 20 años después cuajó en España en unos Gobiernos de derechas tan plagados de antiguos radicales izquierdistas que algunos viejos rojos inamovibles los consideraban demasiado radicales para ellos… Bromas aparte, las cosas fueron más o menos así. Y lo raro es que tantos años después sigan siéndolo, y que, a menudo con la intención teórica de socavar los clichés de la izquierda, algunos antiguos izquierdistas difundan los clichés de la derecha sin advertir que ello no los convierte en provocadores, sino en obedientes seguidores rezagados de una moda intelectual de hace 30 años. Ahora bien, ¿existe lo contrario? ¿Existe ahora mismo quien haya pasado de la derecha a la izquierda? ¿Existe eso que en los años setenta era casi puro gregarismo y ahora casi sería provocación?
«Con la centralidad del trabajo se disipa la “conciencia de clase“, que en el siglo que acaba de empezar ha desaparecido casi por completo. La mayor parte de la población se identifica cada vez menos por el oficio, y más por el sexo, la edad, la nacionalidad, el origen regional… o si son del Madrid o del Barça. Se asume que es menester vivir de un curro, siempre precario, aceptar cambiarlo de continuo y, en los trechos en los que no se obtenga ninguno, recibir sin el menor desdoro la “ayuda o salario social”.
El individuo ha dejado de identificarse por el trabajo al que acude, al fin y al cabo una cuestión de suerte cambiante sobre la que poco se puede influir. Sabe que el capital únicamente lo necesita como consumidor. El gran aporte del capitalismo en su última versión es haber conseguido la máxima individualización en el puesto de trabajo, pero también en cuanto consumidor.»
Puedes seguir leyendo las reflexiones planteadas en el artículo de opinión “El declive del poder sindical” de Ignacio Sotelo.
Corrió por España entera la ilusión y el coraje que La Roja metió en las venas de todo el país. Al equipo juvenil, entusiasta y cohesionado, lo empujó toda España. El gol contra Holanda explosionó todos los sentimientos y fue el instante más gratificante de la victoria.
Hay otros goles, otras copas que merecerían nuestra apuesta y coraje colectivos. Formamos parte de ese gran equipo de la humanidad, con más de 6.000 millones de socios. Y hay otros mundiales que nos esperan para lograr el primer gol mundial contra la explotación, el hambre, el analfabetismo, la violencia terrorista, el armamentismo, la guerra, la degradación del planeta. Goles que podremos celebrar con nuestras banderas en las calles y fuentes de nuestras ciudades, en ruedas de música y fraternidad. Juntos podemos. ¡A por ellos!
Nos lo ha dicho bien fuerte África. Por allí nos paseamos -televisivamente- y por unas semanas la vistieron de fiesta. Llegaron reinas, príncipes, eufóricos visitantes de todas partes. Pero para todos nosotros pasaron al ocultamiento los 2.000.000 de niños huérfanos, los 300.000 chicos presos del VIH, miles y miles de niños que por mala nutrición, falta de atención sanitaria, enfermedades evitables, abuso y violencia sexual mueren diariamente antes de llegar a los cinco años. No había en Sudáfrica 1.500 millones de dólares para combatir el SIDA. Sí hubo 4.000 millones para montar el gran Mundial.
Enmudecieron las vuvuzelas. Se apagaron las luces fulminantes de la parafernalia de la FIFA, se desmontaron los restaurantes, se fueron los alegres visitantes dejando tiradas las migajas y llevándose el lamento aturdidor de las vuvuzelas, monocorde sonido de un continente sojuzgado. ¡Son otros mundiales los que nos esperan.
El 12 de julio se cumplieron seis meses del devastador terremoto ocurrido en Haití, en el que murieron 300.000 personas y tras el cual gran parte del país quedó en ruinas. 1,8 millones de personas viven en campamentos precarios, en condiciones sanitarias inadecuadas, o inexistentes, sin electricidad y con muy poca seguridad, así como también sin ningún tipo de resguardo del calor intenso y las lluvias cada vez más fuertes. La violación, el hambre y la desesperanza son amenazas constantes para la gente que está atrapada en los campamentos. Hace seis meses, el mundo pareció unirse en el compromiso de ayudar a Haití a recuperarse. Ahora, medio año después, los escombros siguen en el mismo lugar, y el sufrimiento envuelve los campamentos, sofocados por el calor, empapados por la lluvia.
Luego de aterrizar en Haití, viajamos a uno de los más de 1.350 campos de refugiados, el Campamento Corail. Este campamento fue emplazado cerca de Titanyen. Allí se arrojaban los cadáveres durante el primer golpe de Estado contra el Presidente Jean-Bertrand Aristide. Tras el terremoto, el lugar fue utilizado como fosa común improvisada.
Un grupo de 51 millonarios y multimillonarios propuso pagar al fisco un nuevo impuesto, equivalente a 10 por ciento del total de los ingresos anuales de cada uno para aliviar los problemas tributarios del Estado.
Se hacen llamar “club de la riqueza”. Todos son empresarios que han acrecentado su fortuna en los últimos años y que ahora, según plantearon en una carta a la máxima autoridad del Estado, quieren contribuir a aliviar los problemas de gasto en épocas difíciles aportando ese nuevo tributo cada año, durante la próxima década.
Todo esto es real y ocurre en este momento… en Alemania.
Pacho Maturana, colombiano, hombre de vasta experiencia en estas lides, dice que el futbol es un reino mágico donde todo puede ocurrir. El Mundial reciente ha confirmado sus palabras: fue un Mundial insólito.
• Insólitos fueron los 10 estadios donde se jugó, hermosos, inmensos, que costaron un dineral. No se sabe cómo hará Sudáfrica para mantener en actividad esos gigantes de cemento, multimillonario derroche fácil de explicar pero difícil de justificar, en uno de los países más injustos del mundo.
• Insólita fue la pelota de Adidas, enjabonada, medio loca, que huía de las manos y desobedecía a los pies. La tal Jabulani fue impuesta, aunque a los jugadores no les gustaba ni un poquito. Desde su castillo de Zurich, los amos del futbol imponen, no proponen. Tienen costumbre.
palabras comentadas