Gracias Kapuściński

El 5 de mayo de 2006 escribí este post:

«Polaco, nacido el año 32, “pobre reportero que desgraciadamente carece de la imaginación del escritor” como el mismo se ha definido. Relata en su libro conversado ‘Los cínicos no sirven para este oficio: sobre el buen periodismo‘, que los cinco sentidos de un periodista deben ser ver, oír, estar, pensar y compartir. Está hoy en Valencia para recibir el galardón “Llibertad d’Expresió“. No voy a perderme la ocasión de acompañar a este maestro del periodismo».

Ese día se hacía entrega de los premios que anualmente libra la Unió de Periodistes Valencians. Estuve allí, no quería perderme su discurso. Ryszard Kapuściński recibía el reconocimiento de sus compañeros de profesión, pero no pudo acompañarnos. Ya luchaba contra su enfermedad. Era el momento de darte las gracias por tu trayectoria y por la profunda convicción con la que escribías, no limitándote a “describir externamente los hechos sino que indagaste sus causas y analizado las repercusiones, sobre todo entre los más humildes, con los que te sientes hondamente comprometido”. Era tu forma de contar las cosas, que tanto se echará de menos y que tanta falta hace.

Actualizo > Así hablaba de sus inicios y su visión del periodismo: “cuando empecé a escribir sobre estos países ­se refería al tercer mundo­ donde la mayoría de la población vive en la pobreza, me di cuenta que aquel era el tema al que quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas: sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos. La pobreza no llora, la pobreza no tiene voz. La pobreza no se rebela. Encontraréis situaciones de rebeldía sólo cuando la gente alberga alguna esperanza. Entonces se rebela, porque espera mejorar algo. En la mayor parte de los casos se equivoca; pero el componente de la esperanza es fundamental para que la gente reaccione. En las situaciones de pobreza perenne, la característica principal es la falta de esperanza. Esta gente no se rebelará nunca. Así que necesita que alguien hable por ellos. Esta es una de las obligaciones morales que tenemos cuando escribimos sobre esta parte infeliz de la familia humana. Porque ellos son nuestros hermanos y hermanas pobres. Que no tienen voz”

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