eFe eMe I

Leyendo de aquí y de allá, veo que hay un consenso explícito y, a la postre, primera conclusión de la cumbre del G-20 convocada para abordar, entre otras cosas, la crisis del sistema financiero.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), una institución emanada de Naciones Unidas, en su reunión de julio de 1944 celebrada en Bretton Woods, tiene todos los números para ser el nuevo “guardián” del sistema financiero internacional. Han manifestado esta posición: el Consejo Europeo y el propio G-20, reunido recientemente en Brasil a través de los ministerios de finanzas y las presidencias de los bancos centrales de los países que lo integran.

A tenor de cómo ha actuado este organismo durante las seis décadas de existencia, sería como introducir un zorro en el gallinero de las finanzas. Un botón de muestra: Jean Ziegler, relator especial de la Organización de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, culpó hace escasamente siete meses, a la “política aberrante” del FMI y al capital especulativo cómo las principales responsables de la crisis alimentaria (I, II, III) esa que, para nuestra propia vergüenza, incorpora a vivir en la pobreza a 100 millones de personas más.

De producirse ese consenso, mucho tiene que cambiar el FMI, no sólo en la escala de valores con la que actúa sino también en el sistema de voto sus miembros integrantes para hacerlo más justo y democrático; la transparencia de sus decisiones; su responsabilidad para rendir cuentas a los Estados miembros. Los fallos del sistema se debe a la avaricia y a la ausencia de instituciones que lo controlen; las decisiones del G8, países más ricos y fuertes, han agravado estas situación ya que ellos han marcado las reglas neoliberales, al margen del sistema multilateral. Las consecuencias, con rostro, son el aumento del desempleo y de la pobreza.

La legitimidad de esa institución pasa obligatoriamente por un cambio profundo, que invierta y ponga sobre el tapete de sus prioridades los intereses de la gente, empezando por quienes ha convertido en víctimas.

Ayúdanos a compartir este texto