La cara oculta de Facebook

Las llamadas «redes sociales» son, en realidad, algo más – mucho más – que redes y sociales. Son, sobre todo, gigantescos repositorios de información controlada y gestionada por alguien distinto a sus titulares.

El reciente intento de Facebook (una de las redes sociales en internet) de hacerse con el control de toda la información que aloja – desde y para siempre-fracasó gracias a una amplia campaña de protesta en internet que denuncia que los gestores de esta red puedan hacer lo que les dé la gana, para siempre, sin permiso de los usuarios.

El mito de las «redes sociales» en internet se basa en la idea de que las redes son un espacio de libertad cuasi ilimitado. En realidad, no es así. El dueño de Facebook son los administradores de la red social: ellos deciden cómo, en qué condiciones y cuándo se puede acceder y salir de la misma. Así, el gestor – privado-del sistema opera como un poder constituyente – público-de la comunidad virtual. Sin ningún tipo de control público sobre su actuación. El único control posible es el de la propia comunidad capaz de forzar – como en Facebook-que el gestor se autolimite mediante mecanismos de autorregulación.

Las llamadas «redes sociales» son, en realidad, algo más – mucho más-que redes y sociales. Son, sobre todo, gigantescos repositorios de información controlada y gestionada por alguien distinto a sus titulares, quienes, en muchos casos sin ser conscientes de ello, depositan en el sistema información de altísima utilidad y que puede ser explotada comercialmente por los gestores obteniendo ingresos multimillonarios. En realidad, el modelo de gestión de contenidos y de acceso a la información no es ni neutro, ni libre: es un modelo generado por alguien – el administrador del sistema-que no va a renunciar fácilmente a su poder, esto es, al férreo control difuso que ejerce sobre el mismo.

Facebook, Google y sus derivados son en realidad depósitos de información, no de conocimiento, pero en todo caso de información imprescindible para operaciones de inteligencia de difícil factura si hubiera que acumularla de modo artesanal. Así, Google cedió al Gobierno chino datos sobre internautas opositores políticos que hoy están presos; la Patriot Act obligó a facilitar datos al Gobierno norteamericano después del 11-S, y ahora el Gobierno español obligará a los usuarios de móviles prepago a registrarse por seguridad nacional tras los atentados del 11-M. Nada es lo que parece: internet tampoco. Y es que la cara oculta de Facebook es muy dura.

R. J. MOLES I PLAZA, director del Centre de Recerca en Governança del Risc (UAB-UOC). Visto en comfia.net |  vía La Vanguardia

Ayúdanos a compartir este texto