#1Mayo. El trabajo en el centro de la sociedad

La actual situación crítica de la economía, sus graves consecuencias sociales y los riesgos para la cohesión requieren de la fortaleza de los agentes económicos y sociales, de la acción política y de la estabilidad de los marcos de diálogo social para situar el trabajo en el centro de todas las prioridades.

Son tiempos en que el trabajo tiene que en el centro de la sociedad. No habrá economía competitiva y sostenible sin trabajo cualificado, productivo y bien remunerado. No habrá sociedad cohesionada y próspera sin empleo estable, de calidad, para los trabajadores y trabajadoras

El trabajo no sólo la principal riqueza de un país, sino una responsabilidad compartida, inseparable del “contrato” que la constituye. Por eso debe estar en el centro. Es el centro. No lo es el capital, que va y viene, ahora con más rapidez que nunca. Causa vértigo el comparar en cifras macroeconómicas el tamaño de la economía financiera con el comercio y el producto interior bruto mundiales, incluyendo sus “productos derivados”. No lo es ni siquiera el capital que se adjetiva de “humano”, es decir, la inversión que cada persona realiza en ser más que “competente”, “competitiva”. Sino el trabajo como esfuerzo, como responsabilidad y compromiso.

Las cosas hubieran ido de otro modo de ser esto mejor comprendido y asumido. Habríamos basado el crecimiento no en “oportunidades” de negocio rápido, a sabiendas que se estaban generando unos riesgos imposibles, sino en el desarrollo de nuestro saber hacer, con esfuerzo, con inversión, con una buena articulación y sinergia entre el sector público y el privado. Habríamos mantenido así la diversidad de nuestra economía, añadiéndole valor estructural, internacionalizado las empresas y conseguido nuevas ventajas competitivas.

Algo hemos descubierto: que nuestra economía, que necesita capitales foráneos para desarrollarse con pujanza, corre siempre más riesgo de verse sometida al corto plazo del beneficio para el accionista y el inversor, que usa más el riesgo que el esfuerzo.

Los trabajadores y las trabajadoras insistimos en que para salir de esta crisis hay que fortalecer el trabajo decente. Nosotros sabemos que no hay trabajo decente si el empleo no lo es. Por eso, trataremos de representar más y mejor esta aspiración, que es también la principal preocupación ciudadana: tenerlo y en buenas condiciones.

Este es un objetivo social irrenunciable porque las relaciones laborales se han hecho especialmente temporales y precarias. En el Primero de Mayo reivindicamos el trabajo decente, concepto acuñado por la OIT, para organizar de otra forma la escala o jerarquía de valores en el mundo. O se establece que la primera riqueza es el trabajo decente y con derechos o el mundo será injusto y se empobrecerá. El bajo salario, el recorte de derechos laborales, la explotación sin normas de nacionales e inmigrantes, el dumping social como estrategia del incremento de beneficio… son graves por despreciar la dignidad de las personas, pero también por despreciar esa riqueza, esa humanidad. Por mucho que la producción se “desmaterialice”, el trabajo y el esfuerzo no cederá en importancia, al contrario.

Al poner el trabajo en el centro, asumimos el esfuerzo por anticiparnos a sus cambios y a la nueva complejidad de relaciones, ámbitos y saberes que implica.

Sólo la gente que trabaja y mejora su cualificación, sólo las empresas como ámbitos de producción sostenible, para la economía, la sociedad y la naturaleza, sólo los derechos laborales y sociales garantizados, generan crecimientos sostenidos. Porque, desde este punto de vista, la riqueza no es el dinero y no la garantiza la circulación libre del capital financiero, las piruetas de los «brokers», las «prescripciones de los mercados», que una y otra vez provocan crisis de las que se alejan sus actores principales en sus «paracaídas dorados», dejando tras sí paro, empobrecimiento masivo y ruinas de la confianza y la autoestima social.

La confrontación ideológica que formula la defensa del trabajo decente contra el individualismo avaricioso, el atajo al bienestar sin esfuerzo, la externalización del riesgo, debe, ahora, y puede a medio plazo solucionarse. Por eso, estas reivindicaciones se legitiman en este tiempo que la brecha del mercado de trabajo se ha agrandado.

Viva el Primero de Mayo. Viva la Clase Trabajadora.

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