Los tacones de Minnie

La música clásica sube los decibelios de mi desesperación. Conectada a los cascos, le doy volumen a ver si consigo acallar la frustración. Me pregunto cómo convivir con ella. La combato, la niego o me dejo vencer, depende de las fuerzas. He vuelto a escribir. Quizás como terapia, quizás porque tengo el tiempo que me has dejado. Mi mundo se había reducido y yo había permitido que así fuera. Ahora el vacío ha roto mi bloqueo, las palabras se atropellan en mi cabeza. Creo que las volcaré en estas líneas, simplemente para ver si las cosas toman un nuevo sentido.

A Minnie Mouse la crearon con tacones. De día o de noche, en el campo o en la ciudad, no ha conseguido quitárselos. Y ahí te ves a Mickey tan cómodo con sus pantumflas amarillas. Pero yo sí he podido. Me he bajado de los tacones, me he descalzado y camino por la fría arena. No soy un dibujo animado. Una vez escuché que no existen las medias naranjas, que cada una de nosotras, cada uno de nosotros, somos una naranja entera y que hasta que no logremos completarnos no encontraremos a otra naranja, o quién sabe si a una pera.

Cómo duele descubrirlo.
Casi tanto
como el idealizado recuerdo
de tu presencia
cada mañana.

Bajo el volumen, me quito los cascos, Tajabone merece escucharse como en un susurro.

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