Gervasio Sánchez: Historia de un discurso

El 7 de mayo de 2008 recibí el Premio Ortega y Gasset de Fotografía e hice un discurso de apenas cuatro minutos. Después de nombrar a varios compañeros y amigos de El País a los que respeto como profesionales recordé a Martin Luther King, asesinado cuarenta años antes, a varias víctimas de las minas antipersonas que había conocido cuando eran niños y reflexioné sobre la venta de armas a países en guerra autorizadas por nuestros gobernantes desde el primer gobierno de la transición en los años setenta.

Concluí con las siguientes palabras: “Yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”.

El fin de mi discurso fue recibido por aplausos entusiastas y vítores y caras de circunstancias por gran parte de los ocupantes de los primeros bancos entre los que destacaba la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega y media docena de ministras y ministros, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, el presidente del Senado, ex ministros del Partido Popular e, incluso, del Partido Socialista de la época de Felipe González. Al día siguiente era el funeral de Estado del ex presidente del gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, al que también incluí en la lista.

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