La máxima individualización

«Con la centralidad del trabajo se disipa la «conciencia de clase«, que en el siglo que acaba de empezar ha desaparecido casi por completo. La mayor parte de la población se identifica cada vez menos por el oficio, y más por el sexo, la edad, la nacionalidad, el origen regional… o si son del Madrid o del Barça. Se asume que es menester vivir de un curro, siempre precario, aceptar cambiarlo de continuo y, en los trechos en los que no se obtenga ninguno, recibir sin el menor desdoro la «ayuda o salario social».

El individuo ha dejado de identificarse por el trabajo al que acude, al fin y al cabo una cuestión de suerte cambiante sobre la que poco se puede influir. Sabe que el capital únicamente lo necesita como consumidor. El gran aporte del capitalismo en su última versión es haber conseguido la máxima individualización en el puesto de trabajo, pero también en cuanto consumidor.»

Puedes seguir leyendo las reflexiones planteadas en el artículo de opinión «El declive del poder sindical» de Ignacio Sotelo.

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