Esperando respuestas del G20

I. Se reune el G20 en Francia. El grupo que pretende liderar los movimientos políticos en el planeta, debe de resolver unas cuantas decisiones que ya no tienen espera; y en otras cuestines se les espera que tengan un nítido pronunciamiento.

II. La antesala de la cumbre tiene tres nombres propios: la crisis ha generado más pobreza y más pobres en todo el mundo; las instituciones políticas y financieras deben situar al ser humano en el centro de sus prioridades, por tanto prevenir catástrofes políticas y económicas como la que estamos viviendo; y la tercera, la “ola de cambio” -y que debiera convertise en tsunami- en defensa de la libertad y el respeto de la gente que ha comenzado por los países del Magreb.

III. Una de las respuestas que se barajan, responde a un clamor social: un impuesto a las transacciones financieras especulativas (conocido también como “Tasa Robin Hood”) con la que recaudar fondos para luchar contra la pobreza. Países con peso en el Grupo, como Alemania y Francia, se manifiestasn a su favor. Es una opción política justa para decirle a quienes trafican en bolsa con el único objetivo de obtener beneficios, que un porcentaje de éste (el 0,05%) irá destinado al ejercicio de la solidaridad.

IV. No puede dilatarse por más tiempo la gran reforma de las instituciones paridas en el consenso posterior a la II Guerra Mundial. El diágnostico y el compromiso sobre una gran reforma en el FMI se realizó en aquella cumbre que solemnemente se comprometió, hace algunos años ya, en aquella declaración llamada “Nosotros los líderes”. Más si cabe cuando hemos constantado, apenas unos días atrás,  el deficiente papel en políticas preventivas. La cumbre francesa, aún llegando tarde, debe de plasmar los cambios en base a criterios, objetivos y el establecimiento de un calendario.

V. La “ola de cambio” que están protagonizando los países del norte de África, en el reclamo más elemental de la gente y, por tanto de la política, como son respeto y libertad debe de obligar al G20 a manifestarse en favor de estos acontecimientos y rechazar, de forma palpable, las respuestas violentas que se están dando a las revueltas pacíficas. Pero que no se confundan, esta “ola de cambio en el mundo islámico” , como les gusta llamar a los medios por sus implicaciones culturales, tendría que pasar a tsunami. Más de 50 países, en todo el mundo, tienen establecidos regímenes autoritarios -en breve mostraré el mapa que estoy elaborando- y millones de personas sufren la opresión de sus dictadores.

VI. Finalmente, estamos esperanzados en el papel que pueda jugar la nueva Presidenta de Brasil. Dilma Roussef se incorpora al Grupo en un tiempo de profunda desesperanza y descredito en el ambito político.

VII. ¿Hasta dónde llegarán las respuestas?

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