El poder de la gente, para mejorar el bien común

Una visión política muy subjetiva del 15M (democracia real ya!, acampadasol, spanishrevolution…)

I. El pasado 15 de Mayo (#15M en twitter) en España se desarrollaron medio centenar de convocatorias de concentraciones y de manifestaciones. Muchas de ellas muy significativas y participadas con miles de personas que comparten un estado personal común: están cabreadas y con razón. Son jóvenes, mayores, mujeres… gente que viene del movimiento sindical, militantes cristianos, de asociaciones de vecinos, del movimiento feminista, del ecologista, de organizaciones políticas y, como no, gente no adscrita a ningún movimiento. Es gente cabreada con la situación política y social actual, desde quienes no comparten las reformas estructurales derivadas del “ajuste”; quienes no toleran la corrupción y sus formas; gente que rechaza la ley “sinde”; que aspira a otro orden social. Son todas ellas expresiones legítimas y justas, cuya aspiración mayor es mejorar el bien común.

Estas sensibilidades han coincidido en encontrarse en un lugar común (eu-topia): con una convocatoria ausente de siglas, con un mensaje común que recoge todas esas aspiraciones (democracia real, ya!) y un formato que, aunque no es nuevo, si es extraordinariamente mediatico: las redes sociales, fundamentalmente a través de facebook y twitter. Opera, se construye, se ayudan y se decide en este entorno. Salieron y tomaron la calle.

II. La izquierda política y social está llamada a, no solo ver y escuchar todo este movimiento, sino a interpretar lo que está pasando para mejorar ese bien común. Digo la izquierda, coincidiendo con otras visiones, porque es un lugar común que le pertenece a la izquierda: la mejora de la democracia ha sido, es y será una acción política permanente que abanderar. Está entre sus valores; es innato a la izquierda social y política mejorar nuestra imperfecta democracia en todas sus dimensiones: desde las asociaciones de vecinos y vecinas, pasando por la democracia en las empresas, por la construcción de las ciudades, comunidades, estados y proyectos supranacionales. ¿Les suena calle-manifiesto-asamblea-crisis-democracia? ocurrió antes y está ocurriendo ahora.

Si este cabreo lo interpretamos poniéndonos a la defensiva, descalificándolo o simplemente obviándolo, la travesía en el desierto será más prolongada. Estoy convencido que hay mucho recorrido político en el fondo de este movimiento. Quizás haya que saber despejar el grano de la paja para alimentar aquellos lugares comunes en la bancada de la izquierda social y política y encontrar respuestas a ese cabreo.

III. No todo vale. Ni siquiera para compararnos con otros países, con otras gentes. Esto es un gran soplo, una bocanada de aire que ha entrado por Sol y por otros lugares en plena campaña electoral para las locales y autonómicas, que no sabemos si incidirá en el voto, pero ya ha incidido clarísimamente en la campaña.

Decía que en democracia no todo vale, ni todo debería de ser relativo. El bien común, se construye desde la imperfección, por la sencilla razón de que es construido por las personas, contando con ellas, responsabilizándonos unos de otros, unas de otras. Por eso, tampoco se puede admitir que todos estemos en el mismo saco: conozco y conocemos a mucha gente que, día sí y día también, se compromete al servicio de los demás, que es gente noble, comprometida que está en partidos políticos, en sindicatos, en el movimiento feminista, ecologista, vecinal; que pelea todos los días, que se lo cree y que lo hace como mejor sabe y puede, que se forma para hacerlo un poco mejor y que incluso se equivoca, pero que sabe rectificar y avanzar y ponerse de nuevo en camino. No todo puede ser desprestigiado de la forma que se está haciendo, hay que tener también sentido común para saber distinguir entre instituciones, ambientes o personas que “se sirven de”, a quienes construyen para el bien común. Creo en la madurez y en la responsabilidad de la gente, como creo que estamos llamados a seguir responsabilizándonos unos de otros para mejorar nuestra sociedad y eso pasa por la permanente conversión personal, esa que nos va transformando para crecer, junto al otro, en un buen lugar. De ahí que no todo puede seguir seguir siendo igual; eso es una diferencia que nos separa de la derecha.

Dependerá de hechos concretos el convertir el poder de la gente en mejoras del bien común.

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