He dejado de escribir

 
te llevaste las teclas, el ratón, las ganas. Y ahora me armo de la suficiente cerveza como para diluir el dolor. Anoche subiste al ascensor y nos quedamos encerrados durante largos minutos. Demasiado tópico hasta para un sueño.

Tanto como las simples canciones de amor que suenan por la radio. No muero por ti, no te necesito, no me falta el aire. Respiro hondo, cierro los ojos y solo echo de menos la taza de café que me preparas cada la mañana, estirar la pierna y rozarte en la cama.

Sé que terminaré olvidando tu olor

quizás también volviendo a escribir

Emma

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