Comida de Navidad

Francisco J. Hernández |

Advertía Luis Vives que, cuando llega la alegría, la fiesta y los banquetes, nadie quiere oír hablar de la pobreza (Del alma y la vida, VIII.4). Hablemos, pues, de un banquete.

Imaginemos que usted está en la comida o en la cena de Navidad o de Año Nuevo. En la mesa son diez personas y a usted le corresponde hacer el reparto. Primero hay una sopa. A la mitad de los invitados les sirve una vez con el cucharón y a la otra mitad tres veces a cada uno. De segundo tienen un cordero asado o un pavo con ciruelas. Les da media cortada de carne a dos invitados y a otros dos les pone tres trozos de vianda en el plato. Después ofrece turrón. A un invitado le pone un trozo de turrón duro y a otro le llena el plato con una docena de trozos de toda clase. Por último, le toca repartir el aguinaldo a los pequeños. A uno le da un euro y a otro cincuenta. ¿Qué pensarían los invitados?

Pues precisamente así están repartidos los ingresos en España. La mitad de la población con menos ingresos suma sólo un 27,8% del total, que es la tercera parte de los ingresos de la mitad de la población que tiene más, que en conjunto recoge el 73,2%. Ésta era la proporción que supuestamente aplicaba usted al reparto de la sopa. En segundo lugar, la quinta parte de población que tiene más ingresos suma el 40,2% del total, que es más de seis veces lo que consigue la quinta parte de la población que menos ingresos tiene, que suman sólo el 6,3% del total. Esta desproporción, que nos hace una de las sociedades más desigualitarias de la Unión Europea, era exactamente la que aplicaba al repartir la carne. Además, los ingresos de la décima parte de la población que menos tiene no llegan al 2% del total, mientras que los ingresos de la décima parte de la población que más tiene superan el 24% del total, es decir, la misma relación 1 a 12 con la que usted repartía turrones y peladillas. Por último, si comparamos los ingresos del 5% de la población que tiene menos ingresos y el 5% de la población que tiene más, la proporción es 1 a 50, es decir, la misma relación con la que usted distribuía el aguinaldo. Y hemos hablado de ingresos; si consideramos la riqueza acumulada, las desigualdades serían aún mayores.

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