Resistencia crítica (1)
abraham. | 5 Ene 2008
José Vidal-Beneyto.
La derecha no ha tenido nunca problemas con su identidad. Tampoco los tiene ahora. Todo lo más, una cierta perplejidad en sus márgenes. Como esa regresiva nostalgia por el Orden con mayúscula; o su permanente proclividad por la compañía de la Iglesia y la presencia del uniforme. También una querencia inagotable por la eficacia y el éxito, en primer lugar económico; el fervor por las esencias del pasado; el culto de la seguridad y el control; la indeclinable añoranza por el autoritarismo como régimen y como práctica; sin olvidar la alergia a la crítica y la redentora invocación de la ética y otras coartadas curalotodo destinadas a compensar la acumulación del beneficio.
De ahí su conflictiva relación con la democracia, un paso adelante y dos atrás, pero sin abandonar su reivindicación retórica que en el paisaje político actual siempre añade. Manuel Fraga con su incurable morriña franquista es su figura emblemática.
La izquierda, por el contrario, ha andado siempre a la greña con sus referentes identitarios, sin acabar de aclararse sobre lo que últimamente quería ni cómo se proponía alcanzarlo. La lucha contra la opresión y la injusticia, la celebración de la igualdad y la obsesión por los más débiles y los de abajo, han presidido su catálogo de objetivos, pero la fractura inicial entre el movimiento anarcolibertario y las formaciones marxistas-leninistas, han lastrado gravemente sus resultados, y ambas siguen corriendo paralelas, cuando no enfrentadas, hasta hoy.
En cualquier caso la interpretación de los grandes espacios ideológicos, derecha e izquierda, sólo puede hacerse en el marco de una sociedad concreta, la nuestra, supermercantil e hipermediatizada, en la que los iconos, gadgets y logos han ocupado todos los espacios y en la que la infantilización de los comportamientos organiza acciones y aconteceres.


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