La influenza
abraham. | 27 Abr 2009
«Hay una quietud contagiosa, como la misma influenza. Hay poca gente andando por la calle, en el parque, en bicicleta. Pero más no sucede, ni se nota más tribulación que la ausencia. Mañana no habrá clases en ninguna escuela. Ni en toda la semana. Los niños andan dichosos, retomando las vacaciones de Pascua apenas cuatro días después de haber regresado a sus aulas. No faltan los que dan brincos en el parque. Casi todos los que usan tapabocas los llevan colgando del cuello. Sólo uno que otro se lo ha puesto como el bozal que debe ser. El dique, la protección, el resguardo, les viene sobrando. Eso sí, están cerrados muchos restoranes, pero creemos que es más porque el domingo les adormeció que porque anden pensando en no contagiarse. Dice Pablo Ordaz que si la tranquilidad fuera vacuna esto, sin duda, tendría remedio. No sería para más. Es verdad que en la ciudad de México vivimos desafiando catástrofes menores todos los días, vivimos con las avenidas levantadas sin grandes avisos, expuestos a que una calle cambie de sentido o desaparezca un mes sin previo aviso.»
La escritora mexicana Angeles Mastretta nos cuenta, en su texto ‘Influenza‘, la situación de emergencia generada por la gripe porcina.


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