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«La palabra y los hechos contra el escándalo de querer enmudecer la realidad»

#1Mayo. El trabajo en el centro de la sociedad

abraham. | 1 May 2009

La actual situación crítica de la economía, sus graves consecuencias sociales y los riesgos para la cohesión requieren de la fortaleza de los agentes económicos y sociales, de la acción política y de la estabilidad de los marcos de diálogo social para situar el trabajo en el centro de todas las prioridades.

Son tiempos en que el trabajo tiene que en el centro de la sociedad. No habrá economía competitiva y sostenible sin trabajo cualificado, productivo y bien remunerado. No habrá sociedad cohesionada y próspera sin empleo estable, de calidad, para los trabajadores y trabajadoras

El trabajo no sólo la principal riqueza de un país, sino una responsabilidad compartida, inseparable del “contrato” que la constituye. Por eso debe estar en el centro. Es el centro. No lo es el capital, que va y viene, ahora con más rapidez que nunca. Causa vértigo el comparar en cifras macroeconómicas el tamaño de la economía financiera con el comercio y el producto interior bruto mundiales, incluyendo sus “productos derivados”. No lo es ni siquiera el capital que se adjetiva de “humano”, es decir, la inversión que cada persona realiza en ser más que “competente”, “competitiva”. Sino el trabajo como esfuerzo, como responsabilidad y compromiso.

Las cosas hubieran ido de otro modo de ser esto mejor comprendido y asumido. Habríamos basado el crecimiento no en “oportunidades” de negocio rápido, a sabiendas que se estaban generando unos riesgos imposibles, sino en el desarrollo de nuestro saber hacer, con esfuerzo, con inversión, con una buena articulación y sinergia entre el sector público y el privado. Habríamos mantenido así la diversidad de nuestra economía, añadiéndole valor estructural, internacionalizado las empresas y conseguido nuevas ventajas competitivas.

Algo hemos descubierto: que nuestra economía, que necesita capitales foráneos para desarrollarse con pujanza, corre siempre más riesgo de verse sometida al corto plazo del beneficio para el accionista y el inversor, que usa más el riesgo que el esfuerzo.

Los trabajadores y las trabajadoras insistimos en que para salir de esta crisis hay que fortalecer el trabajo decente. Nosotros sabemos que no hay trabajo decente si el empleo no lo es. Por eso, trataremos de representar más y mejor esta aspiración, que es también la principal preocupación ciudadana: tenerlo y en buenas condiciones.

Este es un objetivo social irrenunciable porque las relaciones laborales se han hecho especialmente temporales y precarias. En el Primero de Mayo reivindicamos el trabajo decente, concepto acuñado por la OIT, para organizar de otra forma la escala o jerarquía de valores en el mundo. O se establece que la primera riqueza es el trabajo decente y con derechos o el mundo será injusto y se empobrecerá. El bajo salario, el recorte de derechos laborales, la explotación sin normas de nacionales e inmigrantes, el dumping social como estrategia del incremento de beneficio… son graves por despreciar la dignidad de las personas, pero también por despreciar esa riqueza, esa humanidad. Por mucho que la producción se “desmaterialice”, el trabajo y el esfuerzo no cederá en importancia, al contrario.

Al poner el trabajo en el centro, asumimos el esfuerzo por anticiparnos a sus cambios y a la nueva complejidad de relaciones, ámbitos y saberes que implica.

Sólo la gente que trabaja y mejora su cualificación, sólo las empresas como ámbitos de producción sostenible, para la economía, la sociedad y la naturaleza, sólo los derechos laborales y sociales garantizados, generan crecimientos sostenidos. Porque, desde este punto de vista, la riqueza no es el dinero y no la garantiza la circulación libre del capital financiero, las piruetas de los «brokers», las «prescripciones de los mercados», que una y otra vez provocan crisis de las que se alejan sus actores principales en sus «paracaídas dorados», dejando tras sí paro, empobrecimiento masivo y ruinas de la confianza y la autoestima social.

La confrontación ideológica que formula la defensa del trabajo decente contra el individualismo avaricioso, el atajo al bienestar sin esfuerzo, la externalización del riesgo, debe, ahora, y puede a medio plazo solucionarse. Por eso, estas reivindicaciones se legitiman en este tiempo que la brecha del mercado de trabajo se ha agrandado.

Viva el Primero de Mayo. Viva la Clase Trabajadora.


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2 opinan

  1. castguer dice:

    En España, la historia del sindicalismo en el siglo XX se reduce al triunfo de la anarquista Confederación Nacional de Trabajo, fundada en 1911, y a la feroz represión y disolución de la misma por el Régimen de Franco. La UGT nunca dejó de ser la rama obrera del PSOE. Y el PC no tuvo nada parecido hasta la creación, dentro del sindicalismo vertical, de las prometedoras Comisiones Obreras.
    La Transición sindical ha seguido el camino y el ejemplo de la Transición partidista. Se disolvió el Partido Único y su lugar al sol del poder fue ocupado por varios partidos estatales. Se disolvió el Sindicato Único y se sustituyó por varios sindicatos estatales. ¿qué clase de sindicato es ese que está financiado por erario público y participa del consenso político? ¿ese esperpento puede llamarse sindicato cuya supuesta misión es la defensa de los intereses de los trabajadores?

    Los sindicatos en la actualidad no dejan de ser organizaciones oligárquicas, cuya corrupción es idéntica.
    Buscan prebendas menores, sin atreverse a amasar las fortunas de los especuladores, pero no se separan de ellos en lo esencial. O tal vez sí: prefieren pequeñas mordidas a cambio de trabajar menos de lo que necesitarían las grandes. La institución de los liberados sindicales es una de las más ignominiosas ofensas a la moralidad laboral. Sin la presión (imaginaria en el régimen actual de burocracia sindical) del movimiento obrero, la indefensión de los trabajadores es absoluta. La legislación ha dado a los jueces de lo laboral el verdadero papel de los líderes sindicales de antaño. Ellos, y no los aparatos sindicalistas, son los que han heredado la reivindicación de la justicia en el conflicto social. Aunque hay que decir que las causas objetivas de despido, incluso con pruebas contundentes, no siempre vencen en el litigio del supuesto rico empleador y el supuesto pobre empleado. Algo parecido a lo que sucede en el feminismo judicial. El conflicto, por tanto, sólo se dirime en los estrados (jueces y abogados laboralistas), mientras los dirigentes sindicales compran y venden su posición de poder en ridículas asambleas. http://acratas.mihost.info/Prometheo/

  2. [...] Fuente: otromundoesposible [...]

Opiniones y comentarios

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palabras comentadas

  • PauDiaz: He leído hoy este artículo en EL PAIS, y no me ha gustado nada. Puede ser útil en este blog para que lo...
  • abraham: Hola tommi, creo que deberías ejercer tus derechos y defender tu dignidad. Nadie puede ser despedido por esa...
  • tommi: Hola, me acaban de despedir de A LOJA DO GATO PRETO y me ha dicho una compi que es porque han sospechado que...
  • Joana: Y yo me pregunto, ¿quién gana las guerras?, la respuesta es senzilla, nadie, mucho sufrimiento para dar más...
  • chimo: Otra vez no veo mi comentario. Eneldulssimonombredejesusymari asantisima