XX aniversario del asesinato de los mártires de la UCA
abraham. | 17 Nov 2009
En el XX Aniversario de los Mártires de la UCA, el Gobierno de El Salvador reconoció ayer, en un acto histórico y emotivo, “el valor, la dignidad y los servicios que este grupo de académicos y hombres de fe, prestaron a El Salvador”. La Condecoración, a título póstumo, de “Dr. José Matías Delgado en el Grado de Gran Cruz, Placa de Oro” que el Presidente Funes realizó ayer “dos décadas después del cruel asesinato de los sacerdotes Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López, junto a sus colaboradoras Elba y Celina Ramos, poner en las manos de sus familiares y compañeros este reconocimiento, significa retirar un velo espeso de oscuridad y mentiras, para dejar entrar la luz y la verdad”.
José María Tojeira, Rector de la UCA y sustituto de Ellacuría, destacó que “la defensa de las víctimas los acabó también convirtiendo en víctimas, pero su muerte, unida a la de Elba y Celina y a la de tantas personas sencillas como ellas, se convirtió en un clamor por la paz que superó la brutalidad de la guerra manifestada especialmente en aquellos días de conflicto que sacudían por entero a la capital de la república.
Si el asesinato de Monseñor Romero, fue el signo de la apertura de la guerra civil, precisamente por el intento de destruir en su persona la misericordia y la racionalidad pacífica que él representaba, la masacre de los jesuitas y sus dos colaboradoras, fue la puerta hacia la paz, al demostrar que la destrucción de la racionalidad solidaridad, solo llevaba a la locura”.
Por otro lado, la Audiencia Nacional de España, a petición una asociación de defensa de los derechos humanos, está investigando a 14 militares acusados de sus muertes y “ojalá sirva para buscar justicia y para que más gente y nuevas generaciones en el mundo entero conozcan su calidad humana y labor” por la que dedicaron su vida a luchar contra la injusticia e intentar, a través de sus hechos y sus palabras, mejorar la vida de los más oprimidos.
Es el momento, por qué no, de que el Vaticano reconozca como mártires a los jesuitas y a las mujeres salvadoreñas vilmente asesinados por orden de dirigentes políticos y militares de El Salvador, por su testimonio de la justicia que brotaba de la fe.


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