Ejercer la solidaridad de manera efectiva, en la fraza de Gaza, con la entrega 10.000 toneladas de ayuda humanitaria, se convierte en un espeluznante asesinato de Estado. Israel ataca la “Flotilla de la Libertad“ y asesina al menos a 10 de sus integrantes.
El director de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), John Holmes, acusa a Israel de tener a los palestinos, en Gaza, en una “prisión al aire libre”, sufriendo esta “suerte de castigo colectivo” que vienen padeciendo desde hace tres años.
Supongo que con la que está cayendo por estos lares, ni nos acordamos de aquellos hogares.
Supongo que cuando ‘Mahatma’ Obama, en su discurso como Nobel de la Paz, apuntaba aquello de que habían “guerras justas” incluía reclamar vengaza para quienes sufrían bajas en conflictos de esta naturaleza.
“No es sólo que Israel con el bloqueo esté castigando a todo el que vive en Gaza por los actos de unos pocos. La comunidad internacional también les ha fallado, incluso podría decirse que ha traicionado a la población de la franja, porque sus declaraciones iniciales no han sido acompañadas de ningún tipo de acción significativa para cambiar la dañina política israelí que impide la reconstrucción de Gaza, su recuperación económica y la mejora de la vida de las personas que allí viven”. (más)
Fueron a aniquilar, provocando un genocidio impune y, finalmente, les damos la espalda según relata este informe. No está mal, para querer ser la Comunidad Internacional que legitima el olvido -y la barbarie-.
“Cuando entrábamos en una casa, se derribaba la puerta y disparábamos. A eso lo llamo asesinato. En cada planta, disparábamos a las personas que identificábamos”.
Antecedentes. Bajo el paraguas de “mantener la imparcialidad informativa” la BBC -la tele pública británica- se negó a emitir una campaña de ayuda humanitaria para Gaza.
Reacción. Varias organizaciones de solidaridad han realizado una brillante acción para denunciar esta inmoralidad, emitiendo en su fachada, con un potente cañón audiovisual, imágenes de la masacre que se sigue produciendo en la Franja.
Hubiera sido útil que Obama tuviera el valor para hablar de lo que está hablando todo Medio Oriente. No, no se trata del retiro estadounidense de Irak. Eso ya lo sabían y ya esperaban también el principio del fin de Guantánamo. El nombramiento de George Mitchell como enviado a la región era lo que menos se esperaba. Desde luego, Obama hizo referencia a la “matanza de inocentes”, pero no eran ésos los mismos “inocentes” que los árabes tenían en mente.
Hubo una llamada para Mahmoud Abbas. Tal vez Obama piensa que habló con el líder de los palestinos, pero como todos los árabes saben, excepto quizás Abbas, él es el presidente de un gobierno fantasma, un casi cadáver político al que mantienen vivo a base de las transfusiones sanguíneas de apoyo internacional y la “completa alianza” que Obama al parecer le ofreció; no importa qué quiso decir exactamente con “completa”. A nadie sorprendió que Obama hiciera la obligatoria llamada a los israelíes.
El presidente Barack Obama acaba de encargar al ex senador demócrata George Mitchell que procure un arreglo a la cuestión palestina. Es un hábil negociador: encabezó la comisión que logró pacificar Irlanda del Norte, pero su visión del problema difícilmente coincida con la de Dennis Ross, designado enviado especial a todo el Medio Oriente, o con la de Richard Holbrook, hoy representante de Obama en Pakistán y Afganistán, países en los que el nuevo mandatario se propone centrar la guerra “antiterrorista”. Meses antes de las elecciones estadounidenses, Holbrook -un diplomático de turbio desempeño en Kosovo- publicó un artículo en el que señala: “La situación en Afganistán está lejos de ser desesperada. Pero como la guerra entra en su octavo año, hay que decir la verdad a los estadounidenses: durará mucho tiempo, más que la guerra más larga que libró EEUU hasta ahora, el conflicto de Vietnam: se prolongó catorce años (1961-1975)” (Foreign Affairs, septiembre-octubre 2008). El fantasma de Lyndon Johnson se pasea por la Casa Blanca.
Barack tardó poco en aplicar su nueva estrategia: tres días después de que asumiera, dos aviones estadounidenses no tripulados arrojaron misiles en una zona tribal paquistaní que linda con Afganistán. El número de muertes ascendió a 22. El ataque fue autorizado “en virtud de un plan de actividades encubiertas aprobado por Obama”, declaró un funcionario norteamericano de alta jerarquía (www.timesonline.co.uk, 25-1-09). Un detalle: las víctimas eran civiles.
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