“Cabe preguntarse el porqué del interés de EE.UU. por el país [Yemen] más pobre de la región: forma parte de la estrategia destinada a extender el conflicto de Afganistán a zonas concéntricas más amplias de Asia central y del sur, el Cáucaso y el Golfo Pérsico, el sudeste asiático y el golfo de Aden, el Cuerno de Africa y la península arábiga (rickrozoff.wordpress.com, 15-12-09). La sedicente guerra mundial contra el terrorismo de W. Bush cambió de nombre con Obama: ahora se llama “operaciones de contingencias en ultramar”. Pero los dos productos tienen el mismo olor. A petróleo.
Hay un aspecto convergente y nada despreciable. El papel que Arabia Saudita y las monarquías afines del Golfo Pérsico desempeñan en la “nueva estrategia” de Obama los llevará a invertir en la compra de equipos militares estadounidenses la friolera de 20.000 millones de dólares en los próximos diez años (UPI, 25-8-09). Yemen no participa en el gasto, pero sí en la conjura”.
El presidente Barack Obama acaba de encargar al ex senador demócrata George Mitchell que procure un arreglo a la cuestión palestina. Es un hábil negociador: encabezó la comisión que logró pacificar Irlanda del Norte, pero su visión del problema difícilmente coincida con la de Dennis Ross, designado enviado especial a todo el Medio Oriente, o con la de Richard Holbrook, hoy representante de Obama en Pakistán y Afganistán, países en los que el nuevo mandatario se propone centrar la guerra “antiterrorista”. Meses antes de las elecciones estadounidenses, Holbrook -un diplomático de turbio desempeño en Kosovo- publicó un artículo en el que señala: “La situación en Afganistán está lejos de ser desesperada. Pero como la guerra entra en su octavo año, hay que decir la verdad a los estadounidenses: durará mucho tiempo, más que la guerra más larga que libró EEUU hasta ahora, el conflicto de Vietnam: se prolongó catorce años (1961-1975)” (Foreign Affairs, septiembre-octubre 2008). El fantasma de Lyndon Johnson se pasea por la Casa Blanca.
Barack tardó poco en aplicar su nueva estrategia: tres días después de que asumiera, dos aviones estadounidenses no tripulados arrojaron misiles en una zona tribal paquistaní que linda con Afganistán. El número de muertes ascendió a 22. El ataque fue autorizado “en virtud de un plan de actividades encubiertas aprobado por Obama”, declaró un funcionario norteamericano de alta jerarquía (www.timesonline.co.uk, 25-1-09). Un detalle: las víctimas eran civiles.
“Soy padre de un hijo de 20 años, secuestrado, torturado, asesinado en 1976″.
“Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz”.
“Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida”.
“El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y las luces se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno en la Argentina y centenares de miles de personas viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria”.
“Pero no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores de olvido”.
“Hemos escrito demasiadas veces nuestra historia en el agua y en la arena, pero la historia necesita descifrarse y conocerse para aprender de ella”.
“Recordar, denunciar y exigir el castigo de crímenes contra la humanidad es un problema nuestro”
«Quienes se alzaron o rebelaron contra el Gobierno legítimo y cometieron, por tanto, un delito contra la Constitución entonces vigente y contra los Altos Organismos de la Nación, indujeron y ordenaron las previas, simultáneas y posteriores matanzas, torturas y detenciones ilegales sistemáticas y generalizadas de los opositores políticos, y provocaron el exilio forzoso de miles de personas. A fecha de hoy se desconoce el paradero de miles de estos detenidos y, esa acción es precisamente la que determina que ahora se esté planteando la exigencia de responsabilidades en esta instancia.»
«El número global de víctimas desaparecidas en el período estudiado (17 de Julio de 1936 a Diciembre de 1951) es de 114.266 personas»
«Como se comprueba, el sistema de desaparición forzada fue utilizado sistemáticamente en aras a imposibilitar o dificultar la identificación de las víctimas y así impedir cualquier acción de la Justicia hasta el día de la fecha.»
«Cualquier ley de amnistía que buscara eliminar un delito contra la humanidad que no puede catalogarse como crimen o delito político, sería nula de pleno derecho y por ende no se aplicaría al supuesto».
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La memoria histórica es el único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas del futuro. Juan Gelman
«Las bases demócratas más progresistas han empezado a quejarse de Obama y visitan la desilusión por lo que llaman su inesperado “giro al centro”. El candidato republicano John McCain promete ocuparse de la amenaza iraní mediante “duras sanciones multilaterales fuera del marco de la ONU” y el demócrata declara que hará “todo lo que esté a su alcance para impedir que Irán obtenga un arma nuclear. Todo”. Pareciera que los dos pertenecen al mismo partido o que el mismo profesional les redacta los discursos. En este punto, el que gane las elecciones de noviembre presidiría algo así como el tercer período de Bush.»
Yo me pensé a Juan Gelman, con una herida de luz en la oscuridad de una dictadura de generales argentinos e ilusionistas, que enlataban carne de hombres y mujeres, con un tiro en la nuca, y la desaparecían por las nubes, por las aguas, por las alcantarillas. Yo me pensé a Juan Gelman viajando por el dolor, y aquí, en estas mismas páginas, hace años, le dejé un aviso envuelto en uno de sus versos, en una de sus certezas: “La furia no me deja solo conmigo. Habrá que recortar la sombra militar”. Yo me pensé a Juan Gelman errante por un mundo de silencios, de complicidades, de miedos, de desperdicios, y Juan Gelman empuñó la voz y denunció toda la inmundicia de aquella operación Cóndor que pudría, de tanto asesinato, de tanta tortura, de tanto saqueo, las dictaduras latinoamericanas y la presidencia de Estados Unidos. Y ahora, veo a Juan Gelman vestido de premio Cervantes, en medio de reyes, presidentes, ministros, rectores, pero siempre con la palabra intacta y recia: “(…) Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia (…)“. Por eso, curso esta invitación urgente a Juan Gelman: hoy, en el que fue campo de concentración de Albatera, ahora en el municipio de San Isidro, cientos de personas procedentes de muy diversos lugares, inician unas primeras jornadas de investigación y testimonio, sobre las atrocidades que allí perpetraron las tropas a las órdenes del dictador Franco, sobre miles de republicanos que defendieron la legitimidad, la legalidad y los principios democráticos. Miles de republicanos cosidos por alambre de púas, a una tierra salobre, insalubre, húmeda, erizada de ametralladoras y bayonetas, de hambre, parásitos y desprecio, y bien dispuesta para el sacrificio, el disparo en el pecho y la desaparición.
«Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.
Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.
Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. “¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!”, exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.
Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.»
No es el mero lavado de cerebros, del que se ocupan cotidianamente gobiernos como el de la Casa Blanca donde asientan sus traseros –única materia pensante que, al parecer, poseen– los fautores de guerras infinitas, o ciertos medios, ciertas audiciones de radio, ciertas cadenas de televisión. Es algo más: es la mutilación de sentimientos morales como el arrepentimiento, la culpa, la memoria del horror, la solidaridad, la compasión, la repugnancia de matar a otros seres humanos y hasta la dignidad del combate. El Pentágono ha tomado medidas para que nada de eso asalte a sus soldados, que considera apenas material desechable. Se lo ha oficializado el Congreso de EEUU.
La Ley de psicología Kevlar de 2007 faculta a la Secretaría de Defensa “a desarrollar y aplicar un plan de medidas preventivas y de intervención temprana, de prácticas o procedimientos que reduzcan la posibilidad de que el personal en combate padezca desórdenes post traumáticos (PTSD, por sus siglas en inglés) y otras psicopatologías relacionadas con el estrés, incluyendo la utilización de substancias” (www.opencongress.org, 31-7-07). La sustancia es el propanolol y esa preocupación tiene razones: casi el 40 por ciento de los soldados, un tercio de los marines y la mitad de los guardias nacionales que han luchado en Irak sufren graves trastornos mentales, según se asienta en un informe del Grupo de Tareas sobre Salud Mental del Pentágono (www.defenselink.mil, 15-6-07).
«Estados Unidos se está convirtiendo en un tipo de Estado muy curioso. Es una república democrática representativa –es decir, hay elecciones–, pero ésa no sería la concepción de W. Bush. La Constitución a la que debe obediencia establece que el gobierno no puede declarar una guerra sin la aprobación del Congreso. Lo hizo sin la aprobación del Congreso. Es uno más de los que olvidaron el discurso de John Quincy Adams, sexto presidente de su país, sobre la política exterior norteamericana: “En todas partes donde se desarrollan o desarrollarán las normas de la libertad y de la independencia –dijo en octubre de 1821–, esta nación las acompañará de todo corazón, con sus bendiciones y oraciones. Pero no saldrá al exterior en busca de monstruos para destruir”. O tal vez W. –se sabe que no es aficionado a la lectura– no ha leído la Constitución. En cambio, ha implantado un sistema de espionaje de sus propios conciudadanos, incluso vía satélite, invasor de la privacy que éstos tanto aprecian. En los países del llamado “socialismo real”, la misma tarea estaba a cargo de la KGB, la Stassi y otros servicios secretos de triste memoria.
Hay otra curiosidad que este período de campaña electoral en EE.UU. ha puesto de relieve. Lo señaló con claridad y asombro la periodista canadiense Chrystia Freeland, directora ejecutiva del Financial Times: “Al observar la reacción internacional ante la contienda presidencial, noto que la gente está muy preocupada por la idea de que EE.UU. está gobernada por dos dinastías” (www.msnbc.msn.com, 25-10-07). Es decir, W. Bush, hijo del ex presidente H. W. Bush, sucedió a Bill Clinton y ahora la señora de Clinton muy probablemente sucederá a W. Bush. Según una reciente estadística de Los Angeles Times, el 49 por ciento de los interrogados manifestó beneplácito por el posible retorno de Bill a la Casa Blanca, esta vez en calidad de presidente consorte. Ya no se trataría de partidos sino de linajes, y a los estadounidenses no parece importarles el fenómeno.»
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