Crisis, ¿quién paga los platos rotos?

Es a partir del verano de 2008, aproximadamente, con la quiebra de Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión más importante de Estados Unidos, cuando en los países occidentales comienza a hablarse y a asumirse que una profunda crisis se ha instalado en ellos. Es muy importante resaltar lo de la crisis en los países occidentales o del Primer Mundo. Porque existen países en desarrollo (también denominados del Segundo Mundo) que están experimentando un importante crecimiento económico. Es decir, podríamos decir que están en proceso de salida de su crisis. En cambio, si miramos los países pobres, subdesarrollados o del Tercer Mundo descubrimos que su situación no deja de empeorar conforme avanzan los días en el calendario. Por tanto ni están entrando ni saliendo de la crisis. Siempre han estado instalados en ella y no hay perspectiva de salida.

Pero no se trata aquí de individualizar la crisis (mi crisis, tu crisis, su crisis). Y tampoco podemos medir la crisis exclusivamente en términos económico-financieros. De lo que debemos hablar es de un mundo en crisis, un mundo en el que están confluyendo varias crisis en un mismo momento. Un ejemplo de tres crisis que describe Arcadi Oliveres:

1. La crisis más grave de todas ellas es la crisis alimentaria. Es la que más vidas humanas destruye: alrededor de 60.000 personas mueren diariamente de hambre. Podríamos señalar que estamos viviendo en un “Planeta de gordos y hambrientos”, título del último libro de Luis de Sebastián, jesuita recientemente fallecido. Unos demasiado, y otros demasiado poco. Un  ejemplo de ello es el caso omiso que se hizo desde los países ricos a la llamada de la FAO, que en una cumbre en 2002 pidió formalmente a los países ricos del planeta la constitución de un fondo extraordinario de 50.000 millones de dólares al año para erradicar el hambre en el mundo, y a lo que contestaron no tener ningún recurso para hacer frente a ese fondo. Curiosamente, nueve meses más tarde, estos mismos países financiaban la guerra de Iraq con 200.000 millones de dólares, 4 veces más de la cantidad solicitada para erradicar el hambre en el mundo. Y recientemente, los gobiernos más ricos han acordado la inyección de 2 billones de dólares a los bancos, 40 veces más de lo que la ONU pedía para salvar el hambre en el mundo). Un primer ejemplo de quién paga los platos rotos en esta crisis.

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El debate del Decrecimiento Económico

Hace unos pocos días conocí que la FIMARC (Federación internacional de los Movimientos de Adultos Rurales Católicos) va a organizar en Octubre un encuentro en Alemania para debatir y reflexionar sobre el decrecimiento económico. Extraigo de uno de sus últimos comunicados una frase que puede servirnos de ejemplo para comprender la raíz por la cual esta nueva ideología, la del decrecimiento, se ha recuperado con fuerza en estos momentos de crisis económica: “A pesar de ser los campesinos que producen la comida, son ellos los que sufren mas el hambre”.

La crisis financiera (si queremos, crisis financiero-laboral-industrial) es la que mayor repercusión y atención mediática ha tenido. Sin embargo, no hemos de olvidar las otras crisis,tan importantes o más desde un punto de vista de dignidad de la persona y de respeto a la naturaleza: crisis alimentaria -60.000 personas mueren al día de hambre-, crisis energético-ecológica y crisis social -ha incrementado exponencialmente en este último año el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Así pues, diremos que el decrecimiento económico es un concepto político que se fundamenta en la oposición o crítica a la creencia ortodoxa según la cual el crecimiento constante y el aumento de vida son los objetivos a los que toda sociedad de futuro debe aspirar. No en vano, Serge Latouche, uno de los pensadores que más ha escrito sobre este concepto, señala que “para concebir una sociedad serena de decrecimiento y acceder a ella hay que salir literalmente de la economía. Esto significa cuestionar la hegemonía de la economía sobre el resto de la vida en la teoría y en la práctica”.

Existen muchos retos necesarios que afrontar para ahondar en un proyecto que, para muchos, puede acabar siendo la alternativa, tantas veces buscada -sin éxito-, para hacer frente al capitalismo o neoliberalismo.

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Coches, Garoña y otros sacrificios. Un equilibrio difícil pero imprescindible

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, abogó hace unos días por el cambio de modelo económico-productivo y defendió un modelo de desarrollo sostenible. Al mismo tiempo, el gobierno anunciaba una de sus medidas estrella para hacer frente a la crisis: el Plan 2000e para la adquisición de automóviles. La paradoja observada en esta dicotomía entre palabras y hechos exige un análisis crítico. Y especialmente en la izquierda. Y ahora se debate sobre el cierre o no de una central nuclear, Garoña, en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro. Parece que finalmente ZP cumplirá su promesa electoral, aunque está por ver cómo y cuándo. Y si la decisión responde únicamente a criterios electorales o a una apuesta decidida por emprender ese cambio de modelo anunciado.

Está claro que haríamos demagogia, tanto desde un lado como desde el otro, si defendiéramos los extremos que abogan por la continuidad de estas industrias, con el perjuicio medioambiental y la continuidad de un sistema capitalista que ello supondrían, o defendiéramos un cierre inmediato sin alternativas eficaces a medio plazo para los cientos de trabajadores que dejarían sus puestos de trabajo.

Ahora bien, quizá lo anterior no deje de ser un análisis simplista y banal sobre estos debates. No es novedad afirmar que los gobiernos tienden a actuar poniendo su mirada en el corto plazo. Es lo que la ciudadanía verá de cerca y, seguramente, por lo que juzgará a esos gobernantes. Por ello, las medidas a medio y largo plazo están en el plano de lo secundario y lo superfluo, porque apenas tienen réditos electorales o, si los tuviera, podrían ser otros incluso quienes se beneficiasen de ellos. Por tanto, es políticamente incorrecto sentar las bases de proyectos futuros que en el corto plazo suponen exigencias muy sacrificiales.

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G20 y Club Bilderberg

Hace unas semanas el mundo occidental ponía sus ojos en la llamada cumbre del G20. En un mundo globalizado como el nuestro, muchas voces piden una gobernanza mundial. Resulta cuanto menos extraño que quienes dicen abanderar en sus países la democracia se erijan, de manera “autocrática”, en nuestros gobernantes mundiales. Nada más parecido al Antiguo Régimen, donde los estamentos privilegiados diseñaban los caminos por los cuales sus súbditos debían caminar sin desviarse. ¿Quiénes forman hoy el G20? .

El G20 es una extensión del G8, compuesto por los países más industrializados o ricos del planeta. Ese G8 es un invento de Giscard Destaing, más conocido por ser el padre de la frustrada Constitución Europea. El G8 nace con una motivación energética, pero las agendas son abiertas y los temas a tratar dependen del contexto mundial y de los intereses económicos de estos países.

Otro de estos grupos es el Club Bilderberg, posiblemente menos conocido que el Foro de Davos pero, seguramente, bastante más influyente. Este club pretende dominar la política y la economía a través de la banca. Entre sus fundadores, en 1954, únicamente vive David Rockefeller, conocido por ser presidente y jefe ejecutivo del banco Chase Manhattan (actualmente JP Morgan Chase & Co). El principal propulsor de esta iniciativa fue el Príncipe Bernardo de Holanda, miembro en su juventud de las juventudes hitlerianas y condenado por tráfico clandestino de armamento (fue indultado por la Jefa de Estado: su mujer).

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ERE que ERE

Hoy vamos hablar de un nuevo ERE planteado. Es la empresa MANN+HUMMEL Ibérica, con plantas en Zaragoza y Gavá (Barcelona). Son ya muchas las atrocidades que se están cometiendo contra la clase trabajadora. Vamos a denunciar, con datos objetivos, extraídos de las memorias -públicas- de las empresas, cómo están aprovechando los EREs como una medida de socializar las pérdidas. Por supuesto no hicieron lo mismo con los beneficios. ¿Qué tipo de ética es esta? ¿Conocen acaso el concepto de responsabilidad social? El caso de esta empresa no es aislado. Es uno más de tantos.

En el año 2007 la empresa obtiene un resultado del ejercicio de 9 millones y medio de euros (beneficios después de impuestos). Lo sorprendente es que, ese año, el Consejo de Administración propone al Accionista Único la siguiente distribución de Resultados (Memoria del ejercicio 2007, pág. 2): además del beneficio citado, se reparten otros dividendos por más de 32 millones de euros extraídos de las Reservas voluntarias de la empresa. En total, 42 millones de euros que el Accionista Único percibe en 2008.

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Crisis: teoría y realidad

En los últimos días estamos recibiendo un nutrido número de mensajes que nos invitan a aplicar una vieja receta para salir de la crisis: “Consumid“.

Es precisamente el consumo desmesurado, inmoderado y desmedido uno de los factores que ha contribuido con mayor vehemencia al colapso capitalista. Un capitalismo cuyo principio rector se ha convertido, antagónicamente, en catalizador de la hecatombe en la que la economía parece hoy inmersa.

Deberíamos preguntarnos si el derecho a vivir dignamente entronca intrínsicamente con el derecho a consumir. ¿Es que podemos acceder de otro modo a la comida, la vivienda, la educación, la sanidad o la cultura? ¿Acaso no deberíamos hablar de derechos vinculados al salario? Hoy nos asomamos a la calle asombrados, y tal vez atemorizados por nuestro futuro personal y profesional inmediato, pues cada día nuevo avizoramos nuevas personas sin empleo. Personas que se suman a la lista de quienes pierden sus ingresos, su renta. Nuevas personas desprovistas de derechos. ¿Qué está pasando? ¿Qué explicaciones encontramos?

El debate entre las diferentes y aparentemente contrapuestas teorías económicas vuelve a exhibirse en la esfera pública. Importantes pensadores de hoy y de ayer bregan por convertirse en los iconos de un nuevo modelo económico. Friedmanistas y Keynesianos abogando por una reformulación capitalista. Krugmanianos y Bernankenianos en pleno careo por la mayor gravedad o no de la crisis, por la mayor o menor duración de la misma. Por la mayor o menor confianza en el capitalismo para enfrentarse al propio capitalismo. Neoliberales Greenspanianos apelando a nacionalizaciones de grandes bancas hundidas por su falta de responsabilidad -permitida por el sistema capitalista- o los Moderados Obamistas y Zapateristas en defensa del rescate de la banca privada.

Lejos de estas paradójicas pugnas quedan, momentáneamente, las teorías marxistas que propugnan la derrota del capitalismo y la eclosión de un socialismo proletarizado. Lejos todavía, pero desempolvadas por muchos que buscamos una vía de escape que aún se nos antoja utópica. Mientras tanto, el capitalismo sigue y seguirá buscando sus propias salidas.

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Mujer y economía. Una nueva teoría de la ‘mano invisible’

Economía (Oikos+Nomos) significa, etimológicamente, normar o administrar la casa (para atender las necesidades familiares). La celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora nos invita a realizar alguna reflexión sobre la relación actual entre economía y mujer. Parece evidente que ella es la principal e indiscutible responsable del cuidado del hogar y de la familia. Pero, ¿le otorga lo anterior el protagonismo “económico” que por la definición de “Oikos nomos” le correspondería? Evidentemente no.

El antiguo concepto aristotélico de economía queda, en nuestra sociedad capitalista patriarcal, totalmente desfasado. Adam Smith, a quien se le otorga el mérito de ser el padre de la Economía Política, expuso su teoría de la ‘mano invisible‘, base sobre la que ha venido levantándose toda la estructura que ha ido configurando la actual economía capitalista. Su mano invisible hacía referencia a una organización libre del mercado que asignaría eficiente y eficazmente los bienes y servicios de una sociedad entre esa sociedad individualmente considerada.

Aquí planteamos otro concepto diferente de mano invisible. Manos femeninas invisibilizadas que hoy se enfrentan en solitario al problema de conciliar tiempos y trabajos. Tiempos y trabajos que, además de invisibles y no reconocidos, suponen una herramienta para mantener la economía capitalista patriarcal. Hoy nos movemos en una situación dual en la que los hombres -esfera pública- nos regimos por criterios económico mercantiles de éxito, poder, propiedad, etc. que cuentan con un alto reconocimiento social. En cambio, las mujeres -esfera privada (o doméstica)- se rigen por la satisfacción de unas necesidades más subjetivas, basadas en sentimientos y lazos afectivos, que no son mercantilizables y que no gozan de reconocimiento social.

Y, aunque el modelo ‘male breadwinner esté experimentando transformaciones hacia un modelo donde la mujer tiene un papel de doble presencia/ausencia, estas manos invisibles reflejan una situación de verdadera explotación femenina como unidad doméstica. Sin estas manos invisibles la subsistencia familiar nunca habría estado garantizada. Sin estas manos invisibles el modelo masculino de participación laboral no sería generalizable.

Se nos plantea un reto. O una revolución. Continuar con el paradigma hegemónico mercantil que opta por el beneficio económico, o avanzar hacia una sostenibilidad de la vida humana (Carrasco Cristina, 2001) que opta y está al servicio de la persona y la calidad de vida. Hemos de sentirnos cuestionados. ¿Un asunto de mujeres?

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¿EREs a la carta?

Hace unos días, el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Gerardo Díaz Ferrán, hacía unas declaraciones en las que solicitaba:

1) Abaratar el despido.
2) Expedientes de Regulación de Empleo (ERE’s) más “rápidos”, sin el filtro del control administrativo.

He dedicado algún tiempo, junto a unas compañeras, a analizar la situación económica y financiera de algunas empresas aragonesas que presentaron ERE’s para elaborar contrainformes económicos, es decir, contraargumentar a las empresas los motivos alegados para el despido temporal o indefinido de sus trabajadores.

He aquí un ejemplo:

  • Empresa hormigonera. Estima que en este año puede tener unas pérdidas próximas al millón de euros -son predicciones de la empresa, no resultados objetivos-. Los años precedentes siempre han obtenido beneficio.
  • Seis meses antes de presentar el ERE que afectará a un tercio de la plantilla (casi a 100 trabajadores), los socios vendieron la empresa a una multinacional India por un valor de 45 millones de euros.
  • El reparto de dividendos -la parte del beneficio que se reparten los socios capitalistas- se incrementa el último año un 81% (de 298.000 a 540.000 euros).
  • La Memoria presentada por la empresa señala que el crecimiento de volumen de negocio, en el último año, ha sido del 6,42% respecto del año anterior.
  • El grupo posee otras sociedades en Barcelona y China. Pues bien, la actividad comercial e industrial en China de la sociedad crece un 20% el último año.

Esta es la historia de una empresa que se ha llevado por delante a 100 trabajadores y a sus familias. Fue un ERE de extinción. Es decir, ya nunca volverán a sus puestos de trabajo. A ellos nunca les repartieron dividendos. Ni siquiera el filtro de la Administración sirvió. Por desgracia existen muchas historias similares.

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Obama: “No creo que podamos seguir por el camino que estábamos”

Bienvenido al mundo de la sensatez. Ayer Obama presentaba los presupuestos norteamericanos que contemplan algunas políticas económicas novedosas para la sociedad americana. Quizá lo más sonado sea, según el New York Times, la mayor distribución de la renta (“rebalancing the tax code so that the wealthiest pay more”), incrementando los impuestos a los ricos y financiar así una parte importante de la reforma de la sanidad, competencia estrella en los planes de Obama en política nacional.

Para comprender mejor el por qué de la sensatez de estas afirmaciones del nuevo presidente norteamericano veamos algunas cifras relativas a los Estados Unidos (Kerbo,2005):

  • El 20% más pobre de los hogares posee el 3,5% de la renta y el -1,5% de la riqueza (es decir, no tienen nada y están endeudados).
  • El 20% más rico posee el 49,5% de la renta y el 85% de la riqueza. Además, sólo el 1% más rico tiene el 40% de la riqueza; de hecho, tienen el 50% de todas las acciones de las grandes empresas norteamericanas.
  • La diferencia entre lo que cobraban los altos directivos frente a los trabajadores era de 40 a 1 en 1990. En 2007 podemos situarnos en torno a una relación 450 a 1.

Imprescindible, por tanto, una política redistributiva.

Una última reflexión para estos presupuestos y no tan benevolente con la política Obama. El gasto militar estadounidense se estima en 140.000 millones de dólares para 2009. Esta cantidad, aun siendo menor que la de años precedentes, es igual al PIB de un país -medio- como Kazajistán, que se sitúa en el puesto 56 del ranking. Desearíamos que la política basada en la economía de guerra desaparezca de las intenciones de éste y otros muchos países.

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