Pacto Social 2011

Este es el texto del Acuerdo Social y Económico alcanzado en la madrugada de hoy entre Gobierno, CCOO y UGT y Patronal. El acuerdo consta de tres partes. En la primera se aborda: Pensiones (acuerdo para la reforma y fortalecimiento del sistema público de pensiones); acuerdo sobre políticas activas de empleo y otras materias de índole laboral y el acuerdo sobre política industrial, política energética y política de innovación. La segunda parte, es el compromiso entre gobierno y sindicatos para el tratamiento de cuestiones relativas a la Función Pública. Y por último, la tercer parte es el acuerdo entre sindicato y patronal sobre criterios básicos para la reforma de la negociación coletiva.

Hoy, los máximo órganos de dirección entre Congresos, de las organizaciones sindicales, debatirán y votarán la propuesta del llamado Pacto Social. No se preveé un debate sin controversia, como también sucede en el conjunto de la sociedad. El Acuerdo que se propone en España afecta a millones de personas, es de profundo calado, (casi) integral y que atiende las debilidades estructurales, los desajustes socioeconómicos y los graves efectos de la crisis. Pasado mañana, pase lo que pase, se escenificará su firma en La Moncloa. Habrá que leerlo para crearnos una opinión.

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La necesidad de preservar la cultura del acuerdo

Por el interés que supone el acuerdo alcanzado en España sobre pensiones, copio y pego un artículo de opinión firmado por los secretarios generales de UGT y CCOO, organizaciones sindicales implicadas en la negociación.

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En la actual situación de España de crisis económica y de empleo, con cerca de cuatro millones de parados, es preciso destacar que hemos sido capaces de articular un Pacto de Estado que preserva del debate electoralista y el conflicto social la esencia misma de nuestro Estado de Bienestar: las pensiones. Gracias al método instaurado en el Pacto de Toledo, basado en la negociación y el acuerdo, se ha conseguido realizar las reformas necesarias con una altísima legitimación social. Una legitimación, por cierto, tanto de los contenidos de los propios acuerdos como de quienes los han hecho posibles.

Con este método nuestras pensiones están insertas en un proceso periódico, casi podríamos decir que sistemático, de reformas en las que llevamos embarcados más de 15 años. Se han realizado varias reformas legislativas. Todas ellas engarzadas en una hoja de ruta clara y consensuada, presidida por las recomendaciones parlamentarias del Pacto de Toledo.

La seña distintiva de todas estas reformas ha sido la de la negociación y los acuerdos amplios en el ámbito político (Congreso) y en el social (con sindicatos y empresarios). Esto ha hecho posible que todas ellas hayan estado presididas por la lógica del equilibrio, que sólo puede derivarse del debate y el acuerdo entre quienes representan el conjunto de intereses que conforman lo que llamamos «el interés general». Hemos demostrado sobradamente que la negociación no significa inacción, sino todo lo contrario.

Desde el movimiento sindical somos conscientes de que las reformas del sistema de pensiones son necesarias, pero no para calmar a los mercados (como está argumentando el Gobierno) sino para garantizar la calidad de las pensiones y preservar sus niveles de protección en el futuro como consecuencia del reto demográfico y financiero que deben afrontar. Sabemos que el principal reto que hemos de abordar en pocas décadas es el de tener que pagar más pensiones, durante más tiempo y más altas. Para ello hemos puesto en la mesa de negociación propuestas alternativas al retraso obligatorio y generalizado de la edad de jubilación a los 67 años que planteó el Gobierno.

Es posible mejorar la protección social y asegurar la sostenibilidad del sistema sin recurrir a meros recortes de derechos, actuando de forma equilibrada sobre los ingresos, los gastos y la equidad interna del sistema de pensiones; mejorando su contributividad, la protección social de las mujeres y los jóvenes como alternativa a la reducción del gasto.

Nuestro objetivo es garantizar la sostenibilidad del sistema y la cohesión social.

Cándido Méndez | Ignacio Fernández Toxo

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Marcelino Camacho

Hoy, todos y todas, hemos desayunado con el fallecimiento del «padre del sindicalismo«, con una de las pocas «figuras históricas» que ya van quedando en España. A estas horas, poco queda que contar del entrañable Marcelino Camacho.

Fue, junto a Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santiesteban, Eduardo Saborido, Francisco García Salve (sacerdote obrero),  Luis Fernández, Francisco Acosta Juan Muñiz Zapico «Juanín» y Fernando Soto, uno de los principales dirigentes -secretario general- de las primeras Comisiones Obreras; todos ellos, encausados, juzgados y encarcelados por el proceso 1001 de la dictadura franquista.

A toda aquella gente de esa época, muchos y muchas -que ya las había- anónimas, se jugaron el tipo para que prevaleciera la dignidad de los trabajadores y de las trabajadoras, teniendo claro que esa batalla pasaba, obligatoriamente, por alcanzar la democracia y, con ella, la libertad. Ambas cosas estaban estrechamente ligadas y en ello, Marcelino como tantos otras personas de Comisiones Obreras, pusieron todo su empeño: primero rompiendo con las viejas estructuras y dinámicas del sindicalismo vertical y, en segundo lugar, apostando por la reconciliación planteada con la transición.

Marcelino siempre fue fiel a sus ideas. Nadie se lo reprocha. Lo fue tanto, que en ese empeño, le supuso tener que abandonar, decidido por votación mayoritaria, la Presidencia de su sindicato, cuando la organización debatía en su sexto congreso adentrarse en la senda de un renovado  «sindicalismo de nuevo tipo».  Aquello lo vivimos, todos y todas, de forma muy sentida, pero con la responsabilidad de ejercer como sindicato independiente y comprometido en lo que representa, le distanció, primero de Antonio Gutiérrez: su sucesor en el cargo; y, posteriormente, de José María Fidalgo. Camacho se había convertido ya, quizás sin quererlo, en leyenda, en mito, en un ídolo.

Tu lucha y tu entrega, es y será motivo de orgullo para quienes realizan política en mayúsculas, y sobre todo a los que seguimos comprometidos en (y con) la principal riqueza de este país: los trabajadores y las trabajadoras.

Descansa en paz.

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Manifiesto de la Huelga General 29 septiembre

Las confederaciones sindicales de Comisiones Obreras y de la Unión General de Trabajadores hemos adoptado la decisión de iniciar un proceso de movilizaciones, que culminará con la celebración de una Huelga General el próximo 29 de septiembre, para expresar el contundente rechazo de los trabajadores y trabajadoras de este país a las políticas de recortes sociales y supresión de derechos de los trabajadores decretadas por el Gobierno, bajo amparo y excusa de directrices europeas.

El Gobierno español y los europeos han defraudado a los ciudadanos a los que representan. Los brutales ajustes económicos que se están adoptando como terapias de choque para salir de la crisis económica, son injustos socialmente, regresivos laboralmente, y equivocados económicamente porque comprometen las posibilidades de crecimiento económico y de creación de empleo.

El Gobierno español, además, se ha enmendado a sí mismo provocando un giro radical en su política económica y social que ahora se orienta de forma clara, en primer lugar, a un severo recorte del gasto público que recae fundamentalmente sobre las espaldas de los trabajadores y de los pensionistas; en segundo lugar, a una reducción de la inversión pública que frenará el crecimiento económico y la creación de empleo, y que tendrá como principales víctimas a los trabajadores en paro; y en tercer lugar, impone una reforma laboral que elimina derechos de los ciudadanos en sus puestos de trabajo.

Tras una actuación irresponsable de las organizaciones empresariales, centradas exclusivamente en obtener réditos en el abaratamiento de las condiciones de trabajo y el debilitamiento de los trabajadores, el Gobierno ha decidido optar por una desregulación laboral que puede continuar con otros recortes sociales y laborales.

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29 septiembre | Jornada de Acción Europea

La Confederación Europea de Sindicatos -CES-, en su reunión del Comité Ejecutivo celebrado a principios de este mes, aprobó la puesta en marcha de una Jornada de Acción Europea para el próximo 29 de septiembre, coincidiendo con un encuentro del ECOFIN. Este día, la CES, llama a la necesidad de dar una «respuesta unificada a los planes de ajuste promovidos por el Consejo Europeo y la Comisión, y que están siendo aprobados por un número creciente de países de la UE», que en opinión del sindicalismo europeo «conforman una política muy equivocada que afectará negativamente al crecimiento económico y al empleo, poniendo en cuestión la salida de la crisis en Europa. Son también profundamente injustos, al hacer recaer la carga de la reducción de los déficits públicos casi exclusivamente sobre los trabajadores y pensionistas».

El 29 de septiembre, se organizará una gran manifestación en Bruselas, y se insta a las organizaciones afiliadas «para que en cada país realicen, de acuerdo con las posibilidades y dinámicas nacionales, huelgas, manifestaciones y otras acciones de protesta.»

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Algunas encuestas sobre el apoyo a la huelga general

Anunciada la convocatoria de huelga general, en algunos medios de comunicación aparecen las primeras encuestas sobre el apoyo a esta medida. Con todos los matices que queramos a la base científica de estas votaciones, es relevante que en todas prevalece el no.

El Mundo.es | ¿Secundará la huelga general? 12%, sí; 88%, no.

Público.es | ¿Irás a la huelga general? 45% sí; 52%, no.

ABC.es |¿Apoyas la convocatoria de huelga general? 25% sí; 75% no.

La Vanguardia.es | ¿Puede ser positivo en un contexto de crisis el planteamiento de una huelga general? 22%, sí; 77% no.

La Voz de Galicia.es | ¿Le parece oportuno convocar en estos momentos una huelga general? 25%, sí; 75% no.

Las personas que participaron en otromundoesposible.com, votaron un 76% a favor y un 27% en contra.

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