Una revolución traicionada #Egipto

Dos años después de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak, la democracia sigue sin ser una realidad en Egipto. Los sindicatos independientes están reprimidos; los niños de la calle son arrestados y torturados; las mujeres que se manifestan son agredidas; y las voces disidentes son acalladas

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Vía @equaltimes

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Egipto: traición a los jóvenes

Robert Fisk | Vía @lajornada

Revolución traicionada. El ejército egipcio se colude ahora con la odiada Hermandad Musulmana para producir, bueno, un nuevo Egipto que se parece mucho al viejo, ya sin Mubarak y la mayoría de sus esbirros (no todos), pero que conserva intactos los corruptos privilegios militares a cambio de permitir que los barbudos compartan el poder.

Fuera del cuadro quedan los jóvenes revolucionarios seculares que en verdad combatieron en las calles a los esbirros de Mubarak y los echaron de ellas para librarse del dictador de 83 años.

El cuadro es sombrío: la primavera árabe transformada en el eterno otoño árabe. Y el único pan y circo para dar a los jóvenes egipcios que demandaban dignidad a cambio de su valor será la vista del viejo león, agotado y todavía incrédulo, en su jaula de hierro en el centro de convenciones de El Cairo, este miércoles.

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Los derechos laborales en Egipto se escriben con R: represión y retroceso

La revuelta y la revolución en el país de las pirámides está dejando un panorama desolador en la legislación de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. El último informe elaborado por la Confederación Internacional Sindical, se pone de “serias deficiencias” al derecho a organizarse, a la negociación colectiva y a la huelga.”

En marzo, el Gobierno aprobó la Ley 34/2011 que prohíbe las huelgas y las manifestaciones que “dificulten la producción”, es decir, una forma legal de privar así a los trabajadores y las trabajadoras de este instrumento esencial para conseguir justicia económica y social y de un derecho fundamental conforme al Derecho Internacional.

La legislación no protege adecuadamente a las mujeres, a los discapacitados, a los homosexuales ni a las personas que viven con VIH/SIDA de todas las formas de discriminación, y tampoco exige igualdad de remuneración entre hombres y mujeres. La participación de la mujer en el mercado laboral es escasa y éstas se enfrentan a una brecha salarial considerable.

También se permite que los niños y las niñas trabajen en la agricultura, en el servicio doméstico o en empresas de propiedad familiar, por lo que, en definitiva, se están tolerando “legalmente” graves violaciones a los derechos de éstos como la explotación infantil.

Por R empieza la revuelta y la revolución; también por R comienza la represión y retroceso.

Acceso al informe completo «Internationally recognised core labour standards in Egypt» (pdf)

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El derecho de huelga en Egipto se criminaliza

El nuevo proceso democrático en Egipto, comienza con un considerable traspié. Sobre todo para la gran mayoría del país y para dignificar las relaciones laborales. Según he podido leer, se ha elaborado una propuesta legislativa por la cual la presión que puedan ejercer los trabajadores y las trabajadoras ante un conflicto laboral con el ejercicio de la huelga sería delito, tipificado con sanción económica y pena de cárcel. ¿Acaso se quedaron los asesores laborales de Mubarak en el gobierno de Sharaf? ¿Son los Chicago Boys que han aterrizado en el país de las pirámides para desconstruir -todavía más- la precaria situación laboral?

No creo que la mayoría de quienes ejercieron su lucha por su dignidad y por su libertad, por una sociedad nueva, se sientan cómodos con la propuesta. Es un grave e inesperado retroceso que ha sido calificado por el movimiento de trabajadores independientes de aquel país y reforzado por el sindicalismo mundial como “una traición de la revolución. Millones de trabajadores egipcios siguen trabajando a cambio de salarios de miseria, y privarles del derecho de huelga – un derecho fundamental según la ley internacional – sería eliminar un medio esencial para que los trabajadores y trabajadoras puedan lograr justicia económica y social. La represión de la actividad sindical legítima sofocaría también el desarrollo de una sociedad civil vibrante, algo que Egipto necesita desesperadamente para desarrollar la democracia”.

Se desistaló a un dictador para implantar una sociedad más justa. Esta propuesta es, por decirlo claramente, volver a la dictadura en el lugar, el trabajo, tan clave y transversal para configurar la dignidad humana y con ella, el proyecto de sociedad.

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