Casanova y Drácula se dan la mano en #Locarno66. Entrevista a Albert Serra

Albert Serra, un catalán que rompe con toda convención: “No me importa ni la crítica ni el público”.

Sergio Ferrari, desde Locarno, Suiza

El arte, en general, y la cinematografía en particular, van más allá del bien y el mal; del qué dirán, de lo bueno y lo malo. Más aún, “no me importa la opinión del público cuya valoración será siempre subjetiva y sujeta a equivocarse”. Albert Serra, que con apenas 38 años y una corta carrera en el cine ya pasó por Cannes y por otros festivales internacionales, trae ahora a la competición del Festival de Locarno no solo su último film, Historia de la meva mort (Historia de mi muerte) sino toda su retórica de ruptura con los valores tradicionales del arte. (En el momento de realizarse esta entrevista, el jurado no había otorgado el Leopardo de Oro a su película)

El enfant terrible, del cine catalán, tal como lo cataloga una parte de la crítica de su país, presenta en 148 minutos —breve extracto de las 440 horas de filmación— una ficción donde se entrecruzan los mundos fantásticos de Casanova y el Conde Drácula, en la transición misma del racionalismo del siglo XVIII hacia la entrada del romanticismo violento del XIX.

Todos los juicios y las críticas son estériles. “Al alejarme de los juicios, recuperé mi libertad y mi productividad…Lo más importante al hacer cine es seguir la inspiración” enfatiza Serra al iniciar su entrevista exclusiva. Anticipando que luego de tres películas sobre temas del pasado, su próximo proyecto será “sobre algo contemporáneo, para cambiar un poco y como nuevo reto”.

¿Su producción cinematográfica expresa una visión vanguardista de interpretar el arte en general y el cine en particular…una especie de rebeldía artística?
Albert Serra (AS): No. No es mi objetivo. Aún más, ni siquiera miro lo que se hace en el mundo ni lo que producen los otros realizadores. Se trata de una especie de lucha conmigo mismo, de intentar hacer cosas mías, en mi propio estilo e irlas perfeccionando y añadiendo. Pero casi no tengo comunicación con el resto del mundo estético. Quien sabe al inicio de mi producción había algo de rebeldía, pero ahora ya es porque no me interesa comparar ni ser comparado.

Lo más importante: “el tiempo creativo”

¿Por qué esa metamorfosis de rebeldía a un casi aislamiento del mundo del arte?
AS: La vida es demasiado corta. Soy ya muy viejo (ndr: apenas 38 años) y hay demasiado poco tiempo para crear. Si uno entra en esa visión de competencia arriesga de caer en una suerte de psicología política. Ganar o perder, compararse. Como ganar o perder las elecciones. Hacer cálculos… Y no me interesa porque implica pérdida de tiempo creativo. Como decía antes, ya no miro películas… Es perder el tiempo.

¿El tiempo para crear aparece casi una obsesión en su vida?
AS: Sí. Todo lo otro no me produce satisfacción. Y por lo tanto lo he rechazado. Comentar cosas en un bar, tal vez. Pero ir al cine para evaluar y criticar a otros, no. Sobre todo porque implica contagiarse de esa visión de crear juicios de valor. Lo que es bueno, lo que es malo, lo que se debe hacer…Y cada vez estoy más lejos de todo esto. Diría que es como que he suspendido mi juicio de valor a pesar que, como me pasa en España, muchas veces hago declaraciones en contra de los malos. Pero esto es gratis. Realmente no me ocupa demasiado energías. Aprovecho algunas oportunidades para hablar y no puedo evitarlo. Pero no pienso en juzgar. Es perder tiempo.

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“El éxito dependerá de la participación de los movimientos sociales” #FSM

Entrevista con Mimoun Rahmani, del Foro Social de Magreb | Por Sergio Ferrari*

El éxito o fracaso del próximo Foro Social Mundial (FSM) de Túnez (26-30 marzo) dependerá, fundamentalmente, de la capacidad de los movimientos sociales de apropiarse de este espacio abierto y llenarlo con un verdadero contenido transformador. Tesis principal de Mimoun Rahmani, miembro activo del Foro Social del Magreb, quien en esa calidad ha participado en algunos de los espacios preparatorios de Túnez 2013.

“La región del Magreb/Máshrek, principalmente Túnez, Marruecos, Argelia, Egipto, ha protagonizado en los últimos años importantes sublevaciones populares. Es un proceso en marcha, no concluido, que va a exigirnos tiempo y lucha…”, subraya Rahmani, uno de los responsables de ATTAC Marruecos y del Comité para la Anulación de la Deuda del tercer Mundo (CADTM) en ese mismo país.

En ese sentido, la convocatoria de fines de marzo en la capital tunecina que prevé reunir entre 30 y 50 mil participantes —según cálculos estimativos de los organizadores— , “puede tener un impacto significativo si los movimientos sociales más dinámicos de la región, los que protagonizaron los procesos revolucionarios, están presentes”.

Reto no automáticamente asegurado, dado que muchos de esos actores sociales de primera línea, “tienen prioridades de agenda muy específicas y además padecen de muchas limitaciones financieras para desplazarse”, enfatiza Rahmani.

De ahí la importancia que las promesas de los organizadores del FSM 2013 de destinar un porcentaje del presupuesto para facilitar esa participación, realmente se concrete. Según Rahmani en un principio sobre un presupuesto total de en torno de 1 millón y medio de euros se preveía destinar un 15% para un “fondo de solidaridad” para promover la participación.

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