La fuerza del hambre

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La indignación me sobrecoge: es la de la impotencia ante estas imágenes reiteradas que abruman la conciencia de un ciudadano recluido entre papeles y libros. Hace 20 o 30 años podía acudir a testimoniar de los dramas que me acuciaban en Sarajevo, Palestina, Chechenia o Argelia. Ahora la vejez me lo impide y contemplo lo que discurre en la pantalla con un amargo reproche al mundo y a mí mismo. Los candidatos a inmigrantes subsaharianos desfilan ante mis ojos revestidos de una agreste belleza moral. ¿Puede una persona ser ilegal, me pregunto, por nacer donde ha nacido? Los que trabajan clandestinamente en España lo hacen en condiciones de precariedad porque hay empresas que se valen de su desamparo para enriquecerse al margen de la legalidad. La próspera economía sumergida vive de esa vulnerabilidad. La naturaleza tiene horror al vacío y el trabajo que rehúsan los ciudadanos de Schengen será ocupado por quienes arriesgan su vida para subsistir y ayudar a sus familias. Al acecho del gran salto en los bosques vecinos de la verja o aupados en ella encarnan el derecho elemental a la vida, el pan y la libertad.

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Texto completo de “La fuerza del hambre” escrito por Juan Goytisolo en El País.

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Para garantizar los Derechos Humanos: #derechoacurar

@MedicosdelMundo pone en marcha la campaña #derechoacurar para garantizar los Derechos Humanos. Anima a los y las profesionales a la objeción de conciencia contra el decreto que deja a las personas sin papeles sin acceso a la protección de la salud.

Pretende también sensibilizar y comprometernos mediante el envío de una carta modelo que cualquier ciudadano puede dirigir a su médico para solicitarle que objete contra la exclusión de las personas inmigrantes.

Así mismo, puedes suscribir una carta dirigida a la ministra de Sanidad manifestándole su rechazo a la exclusión de las personas sin permiso de residencia de la atención sanitaria y difundir un manifiesto contrario a la reforma sanitaria y la exclusión.

Imagen de previsualización de YouTube

 

Artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos | Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

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Barbarie con rostro humano

| Slavoj Zizek |

La reciente expulsión de Francia de los gitanos residentes en su territorio en situación ilegal, a los que se ha deportado a Rumanía, su país de origen, ha suscitado muchas protestas en toda Europa, en medios progresistas y también entre importantes políticos, y no solo de izquierdas. Sin embargo, las expulsiones no se han detenido, y constituyen además la punta de un enorme iceberg que se alza dentro de la política europea. Hace un mes, un libro de Thilo Sarrazin, un directivo de banca considerado políticamente cercano a los socialdemócratas, causó escándalo en Alemania al plantear la tesis de que la nación alemana estaba amenazada por la presencia de demasiados inmigrantes a los que se permitía mantener su identidad cultural. Aunque el libro fue unánimemente censurado, su tremendo impacto pone de relieve que al gran público le dio donde le duele. Incidentes como estos han de evaluarse en el marco de una reorganización a largo plazo del espacio político en Europa occidental y oriental.

Hasta hace poco, el espacio político de los países europeos estaba dominado por dos grandes formaciones que se dirigían al conjunto del cuerpo electoral, es decir, por un partido de centro-derecha (cristianodemócrata, liberal-conservador, popular…) y por otro de centro-izquierda (socialista o socialdemócrata), a los que se añadían pequeñas formaciones (ecologistas o comunistas). En el Oeste tanto como en el Este, los últimos resultados electorales apuntan a la paulatina aparición de otra polaridad. Hay un partido centrista predominante que defiende el capitalismo global, generalmente con un programa cultural liberal (tolerancia hacia el aborto, los derechos de los homosexuales, las minorías religiosas y étnicas, etcétera). A ese partido se opone cada vez con más fuerza alguna formación populista contraria a la inmigración que, en sus márgenes, va acompañada de grupos neofascistas abiertamente racistas. El caso más paradigmático es el de Polonia: tras la desaparición de los ex comunistas, las principales formaciones políticas son el partido liberal, centrista y “antiideológico” del primer ministro Donald Tusk y el partido cristiano conservador de los hermanos Kaczynski. Hay tendencias similares en Holanda, Noruega, Suecia, Hungría… ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Seguir leyendo en la ‘Cuarta página’.

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La frontera de los sueños rotos

«-A usted le cobraría 1.000 pesos, pero la mayor parte no es para mí, es para que la mafia me deje pasar. Pero usted no es mexicano, ¿no?
-No, soy español, pero quiero acompañar a unos amigos salvadoreños que quieren cruzar.
-¿Salvadoreños? A esos les cobramos más. 1.500 pesos.
-¿Y eso?
-Son las reglas. Las ponen las mafias, no yo.
-¿Y en eso está incluido el porcentaje del coyote?
-No, hombre, no [el chófer se ríe de buena gana, una risa que significa algo así como “este tío es imbécil”]. El coyote es aparte. A ese le tendrá usted que pagar mucho más. Un buen coyote le cobrará 1.000 dólares por dejarlo en Estados Unidos.
-¿Y dónde consigo yo un coyote?
-Pero, hombre, cómo me pregunta usted eso… Mire a su alrededor. Este es el pueblo de los coyotes, de los polleros…»

Decenas de ‘sin papeles’ tratan de cruzar cada día hacia Arizona por el desierto mexicano de Sonora. Reportaje de Pablo Ordaz.

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¡Trabajamos aquí! ¡Vivimos aquí! ¡Nos quedamos aquí!

Hoy, 1 de marzo, colectivos de inmigrantes se levantan en pie de pazEn Italia, en Francia y en España se ha convocado el día sin inmigrantes, como forma de protesta por el menosprecio -y el racismo- que está sufriendo este colectivo, decidiendo no participar en la vida de la ciudad para que en esa ausencia, marquen su presencia.

¡Trabajamos aquí! ¡Vivimos aquí! ¡Nos quedamos aquí! (“On bosse ici ! On vit ici ! On reste ici !“).

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Si la vida te da más de 5 cabrones para aguantar…

Berlusconi, que tiene abierta unas cuantas causas judiciales por presuntos crímenes, se llena la boca de discurso xenófobo, relacionando inmigración con delicuencia:  “Si hay menos inmigrantes habrá menos criminales“. Seguramente su socio político, un fascista empedernido como Umberto Bossi, le recordaría aquello de “la medida más eficaz contra la inmigración ilegal son las ametralladoras“.

Así anda la corte política en Italia, agitando banderas racistas, mientras los africanos que viven y trabajan en aquel país  “se rebelan contra la mafia, hacen los trabajos que los italianos no quieren hacer y defienden los derechos que los italianos no quieren defender“.

Por eso, cobra más sentido la movilización convocada el próximo 1 de marzo: el día que el colectivo de inmigrantes ha dicho ¡basta!/más de cinco cabrones para aguantar/ se fuerza la máquina…

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Acompañamiento musical | Manu Chao, 5 Razones…

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1 marzo 2010. Inmigrantes en ‘pie de paz’

¿Qué pasaría si las millones de personas inmigrantes que viven en Italia y en Francia deciden “cruzarse de brazos” un día? ¿Qué pasaría si se hartaran de tanta manipulación hipócrita y política?

El próximo 1 de marzo tendremos una experiencia de lucha y dignidad que responderá a esas dos preguntas. En Italia y en Francia han convocado el día sin inmigrantes, como forma de protesta por el menosprecio -y el racismo- que está sufriendo este colectivo, decidiendo no participar en la vida de la ciudad para que en esa ausencia, marquen su presencia.

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Derecho al asilo

El anillo solidario se manifiesta en contra de los límites al derecho de asilo, sumándose a la denuncia y a la campaña de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él,
en cualquier país. Artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
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San Pedro y el gallo

Esta mañana salí a comprar a la verdulería de la esquina. Mientras el señor de bigote me pesaba los calabacines, entró una rumana pidiendo limosna.
– Si tenemos menos que tú, hija –le contesta el tendero, a lo que añade cuando ella se marcha- Mírala, si lleva más oro en la boca que en una joyería.
– Éstas no sé de qué se quejan, si reciben más ayudas que los de aquí –dijo en voz en grito una señora que ni le iba ni le venía y que estaba al fondo del establecimiento echando patatas en una bolsa.
El grado de simplismo que estaba alcanzando la conversación hizo que me retrajera, pagara mis 7,15 euros y me fuera. Al salir, el viento en la calle era tan intenso como mi nivel de amargura. Llevaba el camino de Pedro el apóstol y deseé que no hubiera ningún gallo cerca porque si no estaría a punto de cantar, pues esa semana había negado mis principios al menos en tres ocasiones.

Me pasó el otro día en la panadería que un inmigrante, de la India debía de ser (aunque no me hagáis mucho caso que no distingo los rasgos de según qué países), fue a pagar una bandeja de pasteles y cuando la dependienta le indicó que costaban 12 euros, puso pies en polvorosa.
– ¡Qué vergüenza! Mira que dejarte con la bandeja puesta, si no tienes dinero no entres a comprar –sentenció una clienta de pelo cardado, no sé si para congratularse con la joven rubia o para darle alas al cotilleo, vete tú a saber.
Nadie le contestó, ni para mal ni para bien, solo encontraron sus palabras una cara de aceptación en la dependienta, pero yo me quedé con un regustillo a huevo podrido que no me quité en toda la mañana. No es la primera vez que me pasa eso de no decir lo que piensas en ese preciso momento y arrepentirte más tarde por ello, ¡qué rabia!.

Y es que en el tema de la inmigración predomina el simplismo y la demagogia y hay una serie de frases que de tanto afirmarlas han terminado por convertirse en verdades incuestionables. Que si la inmigración se lleva todas las subvenciones públicas; que si la delincuencia ha crecido por su culpa; que si nos quitan el trabajo; que si no tienen educación; que si nos están invadiendo… Ya hemos encontrado a los responsables del agujero de la capa de ozono, pues todo el mundo sabe que los negros usan tanta laca que no les queda un duro para alimentos, o crees que ese pelo puede ser natural. Estos estereotipos que la cultura acepta como normales, pueden desmontarse uno a uno con un poco de paciencia, tiempo y algunos datos, pero es más costoso, no interesa y, además, ya hemos pasado de la etapa en la que el racismo era políticamente incorrecto a la de decir sin tapujos lo que en el fondo uno piensa.

Resulta que al día siguiente cambié de panadería y me acerqué a la de la calle de atrás. No sé si el tema me perseguía, tuve un déjà vu o Ed Harris me espiaba como en El show de Truman, pero lo cierto es que la panadera comentaba a un jubilado lo rápido que habían abierto el locutorio de al lado. -Seguro que no pagan ni siquiera impuestos, aseguró. Me di media vuelta dispuesta a, o bien dejar de comprar en las tiendas del barrio, o bien a no callarme más ante el del bigote, la joven rubia, la de pelo cardado, la que compra patatas o cualquier otra panadera de los alrededores. Si Pedro llegó a ser la piedra sobre la que se edificó la Iglesia después de la que lió con el gallo, yo al menos aspiro a ser perdonada por mi cómplice silencio.

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