El Capital contra el Trabajo

José Luis Segovia | 2013

En los últimos 25 años, hasta la crisis, hemos crecido mucho, pero hemos generado una de las sociedades más desigualitarias de la Unión Europea. En ese contexto, la economía –ciencia de administrar recursos escasos para satisfacer necesidades– ha sido devorada por la crematística –arte especulativo de multiplicar las ganancias sin generar valor añadido–. Esto solo ha sido posible a base de olvidar los fines éticos a los que sirve la economía –ciencia instrumental–, de acabar sofocando las necesidades humanas y de olvidarnos de los derechos humanos de segunda generación. El primer sacrificado ha sido el trabajo, y, por consiguiente, el trabajador, que ha padecido una insufrible dualización: unos, cronificados en el desempleo con prestaciones cada vez más cortas y más escasas y otros, con más horas de trabajo, en peores condiciones y menos sueldo. En suma, el principio de «la primacía del trabajo sobre el capital» ha sido ninguneado. El trabajador [la trabajadora] es ahora un «recurso humano» más. La persona y sus necesidades han sido sofocadas por «los mercados». Con ello han emergido trabajadores prescindibles, incluso trabajadores pobres –el trabajo de muchas horas no garantiza la integración social y los derechos económicos y sociales–, parados crónicos y población sobrante. Unos tienen todo el tiempo del mundo sin tener que hacer y otros no tienen tiempo para nada. Un ataque a la dignidad de la persona en toda regla. Todo ello pone de manifiesto la perversión de este modelo irracional de crecimiento y la indecencia de seguirlo manteniendo.

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100 días para el Ministro de Trabajo

La cartera de Trabajo va a ser una de las más complicadas de gestionar, no solo por el conflicto abierto que tiene con los sindicatos sino también por las reformas que quedan por hacer: negociación colectiva, pensiones y políticas activas de empleo; pero sobre todo por la imperiosa necesidad de generar empleo. Leyendo la entrevista publicada en el diario El País, extraigo estas conclusiones.

I. El Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, está a favor de la reforma laboral, hoy Ley 35/2010, que motivó la pasada huelga general del 29 de septiembre. Por lo tanto, el conflicto sindical lo sigue teniendo abierto. No es una cuestión menor recordar que las organizaciones sindicales exigen rectificación y a ésta, ni se le espera. De sus palabras se deduce una posible negociación del desarrollo de la ley.

II. Es un hombre que va más allá de tener el carné en la “mesilla de noche”. Es muy de su sindicato por el cual,  Gómez se mojó y se mojará. Este es el quit de la cuestión.

III. Al parecer hay un gran problema de comunicación de las cuestiones del gobierno. Gómez se suma a esta idea queriendo “explicar esa reforma”. Y a esto dos cosas: la primera, la reforma ya está explicada; y dos, lo que debería explicar el ministro es cómo va a recomponer el diálogo social y cuál será su formato, contenidos y tiempos.

IV. Ya sabemos que las reforma pendientes son imparables. Lo que todavía no sabemos son las propuestas del Ministerio de Trabajo para afrontar las reformas. Quizás su vecina, la Vicepresidenta II y Ministra de Economía, ya tenga clara las líneas del Ejecutivo.

V. Está bien eso de dar algún que otro titular como “La reforma de pensiones ha de ser pactada” y acto seguido imponer los cambios “en los convenios con o sin agentes sociales”.

Espero esos cien días para que pueda escribir otro texto enmendando mis errores.

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La canción del despido barato

“En el franquismo autárquico se inventó el día del plato único para contribuir a la salvación de la patria. En el futuro, para salvar a las empresas, veremos surgir las más innovadoras propuestas: el día del trabajo gratuito, la semana de vacaciones trabajadas, las horas extras no cobradas, las pagas abolidas, etc. Los pactos de empresa serán muy sencillos, bastará con asustar al personal, coger el Estatuto de los Trabajadores o el código del Derecho del Trabajo y, como los hermanos Marx en la ópera, ir arrancando páginas. Sinceramente, creo que los ‘chicos del coro’ desafinan y resulta desolador ver que a profesores de reconocida competencia lo único que se les ocurre para salir de la crisis es reformar por enésima vez el mercado de trabajo. Para empeorarlo, claro. Deja vu, deja connu.”

Ramiro Reig, escribe “Los chicos del coro” en referencia a los 100 economistas y a las cada vez más voces que se suman a reformar el mercado de trabajo, en España, como solución al problema del empleo. Es una falacia: flexibilizar todavía más el mercado de trabajo es caminar en la misma senda de precariedad, que es el empleo que antes se destruye en tiempos revueltos como los que nos toca vivir.

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Todos precarios

| José María Zufiaur |

Los trabajadores precarios ya tienen quien les defienda. Quien les defienda bien. No como les defienden los sindicatos que sólo pretenden que dejen de ser precarios. Están surgiendo como hongos empresarios y directores de recursos humanos, profesores y editorialistas que se erigen en sus auténticos defensores. Estos sobrevenidos paladines de la lucha contra la segmentación del mercado de trabajo y de los trabajadores temporales han encontrado la mejor solución para evitar el agravio comparativo que estos sufren: convertir a todos los trabajadores en precarios. Para ello proponen establecer un contrato de trabajo único. Esta idea ya fue planteada hace cinco años por economistas franceses en sendos informes (Blanchard y Tirole, 2003; Camdessus, 2004; Cahuc y Kramarz, 2004).

Dicha propuesta, propiciada y apadrinada por Nicolás Sarkozy cuando éste era Ministro de Economía y Finanzas y ya candidato a la Presidencia de la República francesa, ha sido trasladada a España en las últimas semanas por un grupo de 95 economistas españoles, que han realizado varias propuestas de reforma del mercado de trabajo. De ellas, sólo comentaré en esta ocasión la que propone establecer el mencionado contrato de trabajo único. En la misma línea, la organización empresarial CEOE propone un contrato también único pero al que denomina contrato de trabajo “indefinido no fijo”.

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Es la estructura, no el mercado laboral

| Albert Recio |

I. Seguimos en las mismas. La dramática destrucción de empleo existente en nuestro país conduce una y otra vez al mercado laboral como centro y final de las políticas económicas. Ahora es el nuevo manifiesto “Propuesta para la reactivación laboral en España al que El País ha dedicado una insistente publicidad: primero en las páginas salmón del domingo 26 de abril, al día siguiente en la columna de Joaquín Estefanía y el martes en el artículo de opinión de Ramón Marimón. La razón central de tanta noticia es que se trata de un manifiesto firmado por “los más prestigiosos economistas académicos del país”. Y por tanto hay que darles crédito pues han llegado a esta conclusión tras una profunda reflexión intelectual.

Leído el manifiesto se observa un total paralelismo con los argumentos que en su día ya lanzó el Gobernador del Banco de España. No hay casualidades, los verdaderos autores de la propuesta son los mismos que desde hace años controlan la línea de análisis del mercado laboral que se elabora en el Servicio de Estudios del Banco de España y en la Fedea (la Fundación de las Cajas de Ahorro) y que sin duda son los responsables del presente documento. Se trata de personas que hace muchos años están haciendo el mismo discurso sobre la necesidad de flexibilizar el mercado laboral español, y que suelen ser especialistas en retorcer su análisis cuando la realidad les da la espalda. En la década de los ochenta sostenían que la rigidez del mercado laboral y la excesiva protección al desempleo (en un período en el que menos del 25% de los parados recibían alguna prestación) era la causante del elevado desempleo español. En la década siguiente, cuando la tasa de temporalidad ya estaba en el 30% adujeron que la rigidez provenía de la propia temporalidad, pues este colchón de temporales permitía a los empleados fijos estar a salvo de los ajustes de plantilla. Un argumento que eludía la evidencia que en la crisis de 1991-1994 se destruyera básicamente empleo estable. Después han seguido con variaciones del tema con independencia de las numerosas reformas habidas desde 1994 y que han afectado a las normas de despido, a la negociación colectiva y con una larga experiencia de negociación colectiva dominada por la  moderación salarial. Da igual,  el problema del desempleo sigue residiendo en su opinión en la dualidad del mercado laboral (fijos hiperprotegidos, temporales precarios), el carácter inflacionista de la negociación colectiva, la falta de incentivos a la búsqueda de empleo debida a un exceso de duración de la protección y cosas por estilo.

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