Brasil comienza su batalla contra la pobreza

Escribe Juan Arias desde Brasil que la Presidenta «Dilma Rousseff lanza su programa contra la miseria» en ese país: 22 millones de sus conciudadanos viven en situación de pobreza extrema.

Ni tan siquiera ha esperado a 100 días de cortesía política. En algo más de una semana, desde sus nombramiento como Presidenta,  su discurso de investidura pasa de las palabras a los hechos.

Esto es política con mayúsculas. Aborda así uno de sus principales retos y de paso, pone el acento en favor de lo social, donde están las mayorías y las necesidades de las personas. ¡Bravo!

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Desafíos para la Presidenta Dilma Rousseff

| Leonardo Boff |

Celebramos alegremente la victoria de Dilma Rousseff. Y no dejamos de alegrarnos también por la derrota de José Serra, que no mereció ganar esta elección, dado el nivel indecente de su campaña, aunque los excesos se hayan dado en ambos lados. Los obispos conservadores que, a contravía de la CNBB, se colocaron fuera del juego democrático, y que manipularon la cuestión de la descriminalización del aborto, movilizando incluso al Papa en Roma, así como los pastores evangélicos rabiosamente partidarizados, han quedado desmoralizados.

Post festum, cabe una reflexión distanciada de lo que podrá ser el gobierno de Dilma Rousseff. Nos adherimos a la tesis de aquellos analistas que han visto en el gobierno Lula una transición de paradigma: de un Estado privatizador, inspirado en los dogmas neoliberales, hacia un Estado republicano, que ha puesto lo social en su centro, para atender las demandas de la población más desposeída. Toda transición tiene un lado de continuidad y otro de ruptura. La continuidad ha sido el mantenimiento del proyecto macro-económico, para servir de base a la estabilidad política y exorcizar los fantasmas del sistema. Y la ruptura ha sido la inauguración de sustantivas políticas sociales destinadas a la integración de millones de brasileños pobres, bien representadas por la «Bolsa Familia», entre otras. No se puede negar que, en parte, esta transición se ha dado, pues, efectivamente, Lula ha incorporado socialmente una franja entera de la población a una situación de decencia. Pero, desde el comienzo, los analistas apuntaban el desequilibrio entre el proyecto económico y el proyecto social. Mientras aquél recibe del Estado algunos miles de millones de reales por año, en forma de intereses, éste, el social, tiene que contentarse con mucho menos.

No obstante esta disparidad, el foso entre ricos y pobres ha disminuido, lo que le ha granjeado a Lula una extraordinaria aceptación.

Ahora se plantea la cuestión: ¿profundizará la Presidenta la transición, desplazando el acento en favor de lo social, donde están las mayorías, o mantendrá el desequilibrio en favor de lo económico, de tipo monetarista, con las contradicciones denunciadas por los movimientos sociales y por lo mejor de la inteligencia brasileña?

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